WASHINGTON, 20 de noviembre (PL). —
La Casa Blanca, que este año miraba con recelo la instalación de
un gobierno dominado por los shiítas en Iraq, considera hoy que
esto no será nocivo para los intereses de Estados Unidos, según
informa The New York Times.
Citando a funcionarios de la
administración del Presidente George W. Bush, el diario señala que
el temor de instalar una autoridad al estilo e influencia iraní se
ha apagado porque la población shiíta iraquí no es un bloque
monolítico y no necesariamente está dominada por Teherán.
El funcionario aseveró que la Casa
Blanca aceptará un régimen con predominio de esa comunidad, a
pesar de la oposición de este grupo a la presencia en el país de
las tropas de ocupación, aunque la ven menor que la de la comunidad
sunita, de la cual proviene Saddam Hussein y dominaba la anterior
administración.
Los norteamericanos dan pasos para
asegurar que cuando un gobierno dominado por los shiítas sea
instalado el próximo año, la libertad religiosa y el derecho de
las minorías sea respetado, y que los países vecinos estén
seguros de que no será una amenaza para ellos.
El cambio de pensamiento de
Washington, allana el camino a una decisión anunciada la semana
pasada para acelerar el calendario y poner el gobierno en mano de
los iraquíes, aseveró el funcionario.
La fuente indicó al diario que la
nueva cúpula gobernante estaría dominada por los shiítas que
representan la mayor parte de la población iraquí y están mejor
organizados para triunfar cuando se produzcan las elecciones.
Mientras algunos funcionarios creen
que ese gobierno buscaría ser independiente de la influencia
iraní, expertos sobre Irán y el Medio Oriente advierten sobre el
peso que pueden tener líderes religiosos iraquíes y también
iraníes sobre las nuevas autoridades.
Flynt Leverett, ex director de
Asuntos del Medio Oriente en el Consejo Nacional de Seguridad
durante la presidencia de Bush, afirma que aunque muchos shiítas no
quisieran ver un régimen al estilo iraní, sí desean que el Islam
tenga una postura oficial donde la ley islámica sea reconocida como
fundamental para la sociedad.
Leverett advirtió que este hecho
puede crearle problemas a los planes de Washington de tener un
sistema en Bagdad que respete la diversidad religiosa, el derecho de
las minorías y separar la religión del Estado.
En la actualidad de los 24 miembros
del Consejo de Gobierno, 13 son shiítas, pero según funcionarios
de la administración estos tienen un amplio rango ideológico:
algunos son clérigos, otros no, y al menos uno es comunista.
La principal preocupación sobre una
dirigencia shiíta en Bagdad es más externa que interna. Turquía,
Arabia Saudita, Jordania y los estados del Golfo han manifestado su
temor de que un gobierno de ese corte en Iraq podría enardecer a la
población de esa denominación religiosa en estos países.