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Cuba: De cara a la vejez
Apuntes de un estudio
y alertas sobre el reto demográfico mayor de la población cubana
SARA MÁS
Dentro de diez años
posiblemente veamos más ancianos que niños por los parques. Lo que
demógrafos y especialistas llevan un tiempo advirtiendo, ya no es
un problema solo del mañana. El paso irreversible a la vejez se
gesta en Cuba ahora, en este minuto que los expertos llaman de
aceleración del proceso que ha venido acompañado de la transición
de altas a bajas tasas de fecundidad y mortalidad.
La familia aparece como una fuente de apoyo fundamental, donde los adultos mayores reciben y dan ayuda.
Con cierto tono de
urgencia, se llama la atención sobre las consecuencias del asunto.
El doctor Enrique Vega, director nacional del Adulto Mayor y
Asistencia Social del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), asegura
que ya Cuba está vieja. Aunque aún la población de 60 años y
más no es mayoría (más de 14% al cierre del 2002), el país se
sitúa entre los más envejecidos de América Latina y el Caribe,
superado solo por Uruguay. Pero en el 2010 ese grupo de edades
alcanzará el 18% y por primera vez habrá más personas ancianas
que niños y niñas.
Para ilustrarlo mejor,
el doctor Vega se ubica en la capital, dentro de diez años, cuando
un médico de familia atenderá en su área a 118 personas mayores y
92 niños. En un año, ese galeno posiblemente asista cinco
embarazos, igual cantidad de niños menores de un año, nueve
ancianos de más de 75 años de edad y nueve pacientes con Mal de
Alzheimer. Sin embargo, todavía los conocimientos sobre la salud en
la tercera edad ocupan un pequeño espacio en la preparación de los
estudiantes de Medicina actualmente, precisa Vega.
En lo interno, la vejez
plantea no pocos desafíos, no solo en el plano de la
infraestructura y atención de salud, que deberá incrementar los
servicios geriátricos y, más aún, enfocarse en la acción
preventiva. También impone retos a la economía, el empleo, el
funcionamiento de la sociedad y a la familia.
UNA MIRADA
Con el 16,9% de su
población mayor de 60 años, la provincia de Ciudad de La Habana es
la segunda más envejecida del país, después de Villa Clara, y fue
la escogida en el año 2000 para el estudio Salud, Bienestar y
Envejecimiento de las Américas (SABE), realizado simultáneamente
en las principales zonas urbanas de otros siete países de América
Latina.
Con la participación de
la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Oficina Nacional
de Estadísticas y el MINSAP, la exploración abarcó los 15
municipios de la ciudad y un total de 1 905 personas. Además de un
diagnóstico preciso, los resultados son una valiosa fuente de
información y ayuda para el diseño de los nuevos servicios y
políticas que deben acompañar el proceso cubano de envejecimiento.
Entre otros resultados
destacan que en el 42% de las viviendas de la capital hay al menos
un adulto de 60 ó más años de edad, más mujeres que hombres.
La mayoría (89,4%)
tiene hijos vivos y más de la mitad vive con ellos, el 44% posee
nivel educacional medio o superior y el 76,3% recibe ingresos por
pensión o jubilación. El 10,7% vive solo.
A la hora de valorar su
estado de salud, el 80% de los adultos mayores lo percibe de
excelente a regular y las mujeres tienen una idea más elevada de
sus problemas. Entre otros datos de interés, el 68% no fuma y las
mujeres lo hacen menos que los hombres. El 91,5% no padece deterioro
cognitivo y este es menor en los hombres. Sin embargo, ellas se caen
el doble de veces y los triplican a ellos en casos de diabetes,
enfermedades del corazón, artritis y osteoporosis.
La gran mayoría no
tiene limitaciones en las actividades básicas de la vida diaria y
más del 70% recibe la atención de salud en la comunidad,
fundamentalmente por el médico de la familia.
La familia aparece como
una fuente de apoyo fundamental, junto a los corresidentes. Como
hallazgo importante, el estudio señala además "el rol activo que
en la familia y en la sociedad tienen los adultos mayores", algo que
puede apreciarse a través de las redes de apoyo para recibir y dar
ayudas.
Más del 90% de la
población estudiada recibe alguna ayuda —primero servicios,
seguidos de bienes y dinero—, con mayor beneficio para las
mujeres. Al mismo tiempo, las tres cuartas partes de los adultos
mayores brindan ayuda, sobre todo los de menos edad. Las ayudas que
predominan son las que se establecen entre ellos mismos y sus
corresidentes, tanto para recibir como para dar; luego las que se
dan con los hijos que viven fuera del hogar y finalmente con
hermanos, otros familiares, amigos y la comunidad.
En este punto, los
autores alertan que "se requerirá intensificar las ayudas a las
familias por parte de la sociedad y de las instituciones
gubernamentales, y deberán fortalecerse las redes de otros
familiares, amigos y la comunidad", ante las implicaciones futuras
de la actual tendencia a la disminución en el tamaño de las
familias, que hoy son el principal soporte directo de los adultos
mayores.
"La
familia se va a achicar. Ahora hay muchos nietos para pocos abuelos,
pero en el futuro habrá muchos abuelos y pocos nietos que los
cuiden", comentó Juan Carlos Alfonso Fraga, director del Centro de
Estudios de Población y Desarrollo de la ONE.
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