Científicos cubanos vs. bloqueo:

La batalla contra los enemigos de Thoth

NÉSTOR RIUS MARTÍNEZ
Servicio Especial de la AIN

Cuenta la mitología antigua que Thoth, dios egipcio depositario de la sabiduría, mostró un día el invento de las letras al rey Thamus, y este acogió con recelo la novedad al suponer que llegaba el fin de la tradición oral.

El paso de los siglos demostró el error del monarca, y también cómo la ciencia podía imponerse a los caprichos o designios de algunos seres muy poderosos.

Sin embargo, esta lección de la Historia no ha sido estudiada nunca por las administraciones estadounidenses, que incluyen en su política criminal contra Cuba el bloqueo al sector de la ciencia, con el inherente costo en vidas humanas y daños materiales.

Desoyen, además, la inmortal sentencia del científico uruguayo Clemente Estable, quien durante el siglo pasado aseguró que la ciencia y el desarrollo moral de las personas merecen el máximo apoyo de los Estados, pues juntas son las máximas riquezas de un país.

Los perjuicios ocasionados al intercambio académico y científico, entre otros ramas, quedaron recogidos una vez más en el Informe de Cuba al Secretario General Sobre la Resolución 57/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El bloqueo estadounidense, al cual intentan "suavizar" los grandes medios de comunicación y algunos políticos de ese país empleando el vocablo "embargo", también impide el libre intercambio entre personalidades de la ciencia y otras ramas, y por consiguiente entre los dos pueblos.

Y aunque este es un derecho reconocido por la comunidad internacional, las poblaciones académicas y científicas estadounidense y cubana se ven limitadas a ejercerlo por una política tozuda y genocida que desea destruir a la Revolución cubana desde hace más de 40 años.

Restricciones de viajes a la Isla a los científicos norteamericanos y amenazas con multas, entre otras medidas, figuran dentro del diapasón de castigos.

Asimismo, las penas pueden llegar hasta los 10 años de privación de libertad, las multas al millón de dólares para las corporaciones y a 250 mil para particulares, y pueden ser aplicadas sanciones civiles de hasta 55 mil dólares por cada violación.

A pesar de ello, cada día crece el número de ciudadanos e instituciones científicas, investigativas y educacionales de los EE.UU. interesadas en profundizar lazos con la mayor de Las Antillas, dado que el interés del hombre por la ciencia y su propio bienestar rebasan las fronteras.

Si hace miles de años Thamus se equivocó, e inexorablemente el conocimiento del alfabeto se esparció por el mundo como proponía Thoth, tampoco podrá evitarse por mucho tiempo más que el pueblo norteamericano conozca la verdad sobre Cuba, sus logros y hombres de ciencia. (AIN)

 

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