Estados Unidos, autodenominado líder
de la cruzada mundial contra el terrorismo, comete hace 44 años un
acto genocida y terrorista: el bloqueo
económico, comercial y financiero contra Cuba.
Ya suman casi 17 000 los días bajo
la sombra del bloqueo, en los cuales el pequeño país caribeño ha
debido vivir con la más prolongada e inhumana política de
hostigamiento y sanciones registradas en la historia del mundo.
A esto se añade que 3 478
personas han perdido la vida en sabotajes, invasiones, introducción
de plagas y enfermedades. Otras 2 099 quedaron discapacitadas.
Pero su costo es mayor que lo que se
pudiera calcular. Más del 60 por ciento de la actual población
cubana nació y ha vivido bajo el bloqueo por empecinamiento del
gobierno "del país de las libertades".
Superan las 385 000 horas en la vida
de unos 11 millones de personas en las que no ha existido tregua.
Una población que, principalmente
joven, no entiende cómo 10 administraciones norteamericanas se han
esforzado por mantener un caduco engendro que con los años se
nutrió de leyes y regulaciones no menos laberínticas y arcaicas
extendidas a terceros países.
Aún así "...el hambre, la
desesperación y el derrocamiento del gobierno..." —que
preconizó un documento oficial del Departamento de Estado de los
Estados Unidos en 1960— y reforzados por nuevas leyes, fallidos
atentados, agresiones, guerras biológicas, terrorismo y guerra de
trasmisiones radiales y de televisión no han logrado su propósito.
Calculadas en cifras la población
cubana ha debido sufrir las afectaciones por más de 72 mil millones
de dólares. Sin contar otros 54 mil millones en daños directos
provocados en sabotajes a objetivos económicos y sociales.
Una multimillonaria cuenta para un
país pobre que hubiese mejorado mucho más el bienestar social,
psíquico y económico de su joven población que día a día, de
esos 44 años, ha padecido de alguna forma el bloqueo.
No obstante, lejos de debilitar las
bases del Estado cubano y de sus gentes, el senil engendro ha
levantado una muralla de voluntariedad en los cubanos para vivir
como han decidido, en una sociedad perfectible con un sistema de
altos principios humanos.
A las limitaciones con equipos,
recambios y materias primas, se han contrapuesto la iniciativa y la
inteligencia, pero con eso no basta.
Medicamentos de última generación y
equipamiento imprescindibles se han hecho sentir incluso frente a la
capacidad de médicos y enfermeras para salvar vidas.
Cuba se ha visto obligada a comprar a
través de terceros países recursos clínicos mucho más costosos.
El simple donativo de máquinas computadoras para servicios de
diagnóstico en la red de policlínicas y hospitales, por
Organizaciones No Gubernamentales de Estados Unidos, ha sido
prohibido.
Ni la educación ha escapado en la
nación caribeña a esta política, e impide la compra de lápices,
libretas, y otros medios indispensables para el proceso docente.
La realidad es una: los cubanos no
van a cambiar por nada su Revolución. El Sol no se puede tapar con
un dedo.
¿Por qué no puede Cuba vivir con
plena soberanía, como otras naciones del mundo?
Estados Unidos se proclama campeón
de la libertad en derechos y pensamientos, ¿Por qué entonces teme
dar libertad a sus ciudadanos para viajar a Cuba?
Porque Cuba sigue siendo un ejemplo y
concita admiración e interés en el mundo. Porque el decrépito
bloqueo no tiene argumentos ni verdades convincentes y el bastón
que lo sostiene, cada vez es más débil. (AIN)