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Y llovió en el
Pabellón
ANDRÉS D. ABREU
A
las seis de la tarde del lunes 3 de noviembre del 2003 comenzó a
llover intensamente en La Rampa y alguien detuvo una multitud a la
entrada del Pabellón Cuba.
—No
está terminado. Alegó
—Déjelos
pasar. Rain jamás concluye.
Y tras Eugenio Valdés se
liberó la metáfora.
4D (4 Dimensiones, 4
Décadas) es un proyecto curado por el grupo Rain
(colectivo de artistas, arquitectos y curadores fundado en Los
Ángeles, Estados Unidos, en el año 2000), y es también una
estructura de andamios con el propósito de invitar e interactuar, un
espacio que se reconstruye por las ciudades del mundo para transitar
con el arte ante la vida.
Flexible y funcional,
efímera e imperfecta es esta propuesta de Siggi Hofer, Susi Jirkuff,
Lisa Schmitdt-Colinet, Alex Schmoerger, Florian Zeyfang, Eugenio
Valdés y muchos artistas más que se insertan dentro de una
urbanización de reflexiones estéticas y dialogan con el intruso
caminante.
4D pretende ser una
prolongación del andar citadino con la esperanza de transformar la
actitud cotidiana en un suceso de nueva poética ante la aptitud de
sus creadores de manejar ideas desde diferentes técnicas del arte
contemporáneo.
Edificación donde
cohabitan, entre otros, el cine cubano de los años sesenta, el video
de Juan Carlos Alom, la fotografía de la española Libia Pérez, las
bardas del islandés Olafur Arni, el performance del francés Francois
Curbe, la serigrafía de Abel Oliva, el arte-conducta del turco Can
Altay y la instalación del proyecto Open Circle (India).
Espacio que debate con
fuerza la adicción al consumo —uno de los temas más manejados en
la Octava Bienal— y que admite en su tratamiento la realización
misma desde el acto en imitación de la realidad pero bajo la mirada
curadora del arte.
En 4D, y bajo la
perspectiva de Rain, las dimensiones de lo artístico y lo
vital se amplían y cruzan por diferentes alturas. Mejores y hasta
peores pueden resultar algunas soluciones expresadas. Y fuera de esta
vecindad creativa no sé cuánto podrían hacer algunas de sus
propuestas como el cartel de Norman Nils o los panfletos de Judith
Hopf.
Pero la metáfora lo salva
todo, y empapados por la lluvia escuchando la música de Interactivo,
uno no sabe si este pedazo provisional de ciudad es realmente un lugar
para el arte u otra utopía de la vida.
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