A 490 años de la fundación de Bayamo

Casi cinco siglos de heroísmo

PEDRO MORA

Foto: JORGE VALIENTECuando en el año 1512 el español Pánfilo de Narváez y su tropa bien armada irrumpía en el cacicazgo de Bayamo, era rechazado violentamente con palos y piedras por los aborígenes, uno de los más antiguos hechos de rebeldía de la historia de Cuba.

Significaba un acto de legítima defensa de los llamados indios frente a los colonizadores quienes llegaban para despojarlos de lo suyo e interrumpirles su pacífica vida. En ese sitio a la derecha del río cultivaban sus tierras, aprovechaban la corriente fluvial y desarrollaban con acierto la alfarería.

No se sabe si fue represalia en pago a aquel inesperado recibimiento ofrecido a Narváez, que en 1514, a un año de fundada la villa de San Salvador, fuera traslada al asentamiento nativo. La ocupación del lugar implicó la expulsión de los moradores hacia un poblado denominado Ovejas y luego, como consecuencia de su lógico desacuerdo, separados en Caneyes Arriba y Caneyes Abajo.

Reubicada la villa en el lugar actual, tomó el nombre de San Salvador de Bayamo y conservó la fecha de fundación del anterior sitio: 5 de noviembre de 1513. Ya en febrero de 1512 los colonizadores habían quemado en la hoguera a Hatuey, el solidario cacique de la vecina Quisqueya (actual República Dominicana), por su labor de alertar a los indocubanos.

Los límites de la villa alcanzaban 50 leguas desde Punta de Mulas, en el Norte, hasta Cabo Cruz, al Sur, y por el Oeste desde el río Jobabo, hasta Palos Picados en el Este; un amplio territorio ocupado actualmente por las provincias de Las Tunas, Holguín y Granma.

Siguiendo el mismo patrón de las restantes villas inauguradas por los españoles, la de San Salvador de Bayamo se erigió con una plaza rodeada por la iglesia y el cabildo. Este último era un Gobierno que agrupaba a poseedores de grandes extensiones de tierra y de indígenas esclavizados; con estructura que varió con el tiempo, lo formaban dos alcaldes ordinarios, un síndico procurador, varios regidores y otros funcionarios.

La inhumana explotación de que eran objeto los indocubanos provocó numerosas sublevaciones.

Los esclavos africanos también se rebelaron, el primer suceso de tales características se registra en 1533, en las minas de Jobabo. Por esa época hubo casos de negros y aborígenes fugitivos quienes huían de la explotación y el abuso. Este espíritu rebelde creció, y años más tarde, en 1795, fue descubierta la conspiración del mulato Nicolás Morales, entre otras manifestaciones de rechazo a la esclavitud.

Otra actividad económica que benefició a Bayamo fue la fabricación de azúcar. En 1611 en su jurisdicción había 11 instalaciones procesadoras de la caña, de ellas siete trapiches y cuatro con la categoría de ingenio, en los que se utilizaba la fuerza laboral esclava e indios asalariados. El censo de 1774 revela la existencia de 12 250 habitantes en la jurisdicción bayamesa.

Sobre el inicio del desarrollo cultural bayamés, los especialistas consideran importante la contribución del español Francisco de Parada, considerado su benefactor al aportar un patrimonio económico que propició la apertura de numerosas instalaciones relacionadas con esa actividad social.

De ese aporte cultural en estos 490 años se recuerda a José Antonio Saco, Joaquín Infante, Juan Clemente Zenea, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, Pedro Figueredo, José María Izaguirre, José Joaquín Palma, Fernando Figueredo, Manuel Muñoz, Rafael Cabrera, José Maceo Verdecia, la poetisa María Luisa Milanés, y otros más recientes.

Debe decirse que el acontecer cultural tuvo como relevante la constitución de la Sociedad Filarmónica de Bayamo, el 24 de febrero de 1851, con Pedro Figueredo y Carlos Manuel de Céspedes, presidente y secretario, respectivamente. Las actividades desarrolladas por esta institución posibilitaron acrecentar la cultura y las ansias independentistas. Un fruto de esos tiempos es la primera canción trovadoresca cubana: La Bayamesa.

Esos sentimientos de amor a la tierra natal, se consolidaron con la creación el 14 de agosto de 1867 del Comité Revolucionario de Bayamo, presidido por Francisco Vicente Aguilera, como presidente, Francisco Maceo Osorio, secretario, y Pedro Figueredo, vocal. Este suceso tuvo amplia repercusión, pues fue la génesis del levantamiento de La Demajagua, inicio de nuestras luchas por la independencia.

En esta etapa surge nuestro Himno Nacional. Los mambises toman la ciudad el 20 de octubre de 1868 e instauran el Gobierno de la República en Armas, hasta que el 12 de enero del siguiente año la convierten en cenizas para no dejarla en manos enemigas.

Esa trayectoria revolucionaria se mantuvo en la guerra de 1895, en el período de ocupación yanki, en la república neocolonial y el 26 de julio de 1953, fecha en que se produce una acción simultánea a la de Santiago de Cuba, con el asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes.

Bayamo tuvo una participación decisiva en la lucha clandestina y guerrillera, y con el triunfo de la Revolución la visitó Fidel en tránsito hacia la capital de la República. La capitulación del odiado puesto de mando de la tiranía batistiana, se había producido el 2 de enero en el centro turístico Cautillo Club.

Puede afirmarse que desde su fundación la ciudad ha sido centro de rebeldías, de ideas avanzadas y de entrega total a los destinos de la Patria.

Casi cinco siglos de existencia definen a Bayamo como una ciudad heroica, dispuesta a desaparecer antes que ser ocupada por cualquier invasor, y con la virtud de renacer para iluminar los destinos de la Patria.

 

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