Toni Núñez en la Bienal

A otro con el cuento de la poshistoria

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

La ciudad cubana donde nació Antonio Núñez Hernández, Camagüey, fue calificada poéticamente por Nicolás Guillén como "dulce comarca de pastores y sombreros". Las ciudades del mundo donde habita o pasea la mirada del artista distan mucho de ser un paraíso bucólico. Hoy día algunos hablan de poshistoria con un acento mítico. Como si estuviéramos de vuelta a una nueva Edad de la Inocencia.

Pero cuando se piensan bien las cosas, nos damos cuenta de que las señales de la llamada etapa pos no dejan de ser la antesala de la construcción de una nueva historia. Y como sabe el artista, toda creación lleva implícito un proceso de crítica y decantación de los moldes precedentes. El pos se parece demasiado a la uniformidad prehistórica, solo que en la escalera que nos ha conducido a ese estadío, cada peldaño soporta la gravedad de sucesivas pérdidas. Recomenzar no es volver al punto de partida, sino ascender. Reconstruir no puede significar salvar escombros, sino descubrir una nueva posibilidad de la imagen.

En su contribución a la Octava Bienal de La Habana, La gran casa / The big house, instalada desde ayer en la Galería Pequeño Espacio, (sede del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Tercera entre 12 y 14, Miramar), Toni Núñez ha asumido conscientemente esa percepción dialéctica al enfrentarse (y enfrentarnos) a uno de los mitos fabricados en la era pos: la seducción del consumo.

La gran Casa / The big house, más allá de su corporeidad instalativa, escultórica y gráfica, constituye un lúcido, ingenioso e incisivo ensayo visual con el que Núñez descifra, desmonta y critica el espíritu del consumismo como alfa y omega de la trama vital del hombre contemporáneo. Se trata de haber sabido comprender, apresar y transmitir, desde una perspectiva original, el proceso que lleva al homo sapiens a convertirse en hombre para el consumo. Pero al mismo tiempo —y en ello veo la más valiosa propuesta conceptual del proyecto— Núñez potencia la posibilidad inversa: la deconstrucción de los estereotipos. Ambas operaciones coinciden no solo en el discurso espacial de la instalación, sino en su más íntima representación material, al imbricar lo sofisticado con lo artesanal, la unicidad y la multiplicidad de la imagen, la representación kistch y su antítesis, la disposición caótica de los elementos, su integración simbiótica. Esa transparencia discursiva se logra sin agredir conceptualmente al espectador, incorporando la visualidad que se propone a su experiencia cultural y, sobre todo, a sus referencias críticas.

Es bueno saber que un joven artista como Núñez cree en el arte como instrumento de intervención intelectual y social, en tiempos como estos, donde la desmemoria y la inercia constituyen componentes de un proyecto globalizador que tiende a reducir los valores del humanismo.

 

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