Pese al bloqueo, corre el agua en Cuba

LINO LUBEN PÉREZ
Servicio especial de la AIN

La cloración del agua, esencial para la calidad de vida de la población, también sufre los efectos de una guerra de exterminio que sucesivas administraciones norteamericanas han impuesto a Cuba desde hace más de 40 años.

El bloqueo económico ha constituido un serio obstáculo para la adquisición de partes y piezas de repuesto de equipos para el abastecimiento del líquido y su saneamiento, entre los que se hallan los suministrados por firmas estadounidenses como Wallace Tiernan y Capitol.

Ante la imposibilidad de acceder a mercados en la región, lejanos vendedores de Europa o de Asia ofrecen suministros esenciales, lo que influye de forma directamente proporcional en el incremento de los precios de los productos y en el costo de los fletes.

Por razones similares, la Empresa Electroquímica de Sagua la Grande, en Villa Clara, se ha visto impedida de cambiar su anticuada tecnología para la producción de cloro y continúa siendo una de las principales contaminadoras del medio ambiente por su emisión de gases hacia la atmósfera.

La situación provoca un tratamiento insuficiente en el manejo de productos químicos y desechos peligrosos, que tiene en estado de alerta permanente a los empresarios nacionales para impedir daños mayores.

La falta de financiamiento externo genera, a su vez, incontables problemas a la economía del país, que depende de escasos recursos exportables y mucho de las importaciones.

Uno de ellos es el alza de los precios del petróleo en el mercado internacional, que obligó a la disminución hasta de cuatro horas del horario de suministro de agua.

El hecho significó también en el 2002 la reducción en la limpieza de cinco mil fosas, aunque la afectación la compensó parcialmente la decisión de los operadores de aumentar la productividad en sus vehículos, mediante esfuerzos adicionales.

LA VOLUNTAD HIDRÁULICA RETA A LAS SECUELAS

Los equipos hidrológicos para el monitoreo del agua también sufren las consecuencias de un intenso régimen de trabajo sin posibilidades de reposición y verificación, debido a la disposición estadounidense.

Por esa práctica se interrumpió hace muchos años el suministro de insumos y piezas de repuesto, desaparecieron de manera progresiva las condiciones para la reparación y calibración de las bombas de tratamiento y quedaron desarticuladas gran parte de las estaciones climáticas.

Sin embargo, el surgimiento y posterior desarrollo del Programa de la Voluntad Hidráulica permitió la utilización del 57 por ciento del agua existente en el país, y se convirtió en freno a las secuelas del bloqueo norteamericano.

Pese a las nefastas consecuencias de esa medida y como resultado de colosales esfuerzos fruto de la voluntad política, Cuba ha logrado elevar el índice de agua tratada y cloración en los últimos cinco años, con el mayor nivel en 2002, cuando la cifra llegó al 98,8 por ciento.

La estabilidad en la producción de sustancias químicas para la cloración repercute de manera positiva en el tratamiento del líquido y en una discreta recuperación de sus reservas.

Son evidentes los daños provocados por el obsesivo e inocultable propósito de los gobiernos norteamericanos por tratar de derrocar a la Revolución Cubana, pero lo cierto es que se han estrellado contra una inconmovible resistencia popular, aun en sectores tan sensibles como la calidad del agua. (AIN)

 

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