1981: Estados Unidos niega a Cuba la
venta de medicamentos y equipos para combatir una epidemia de dengue
hemorrágico que —luego se supo— el propio país del Norte
introdujo en la Isla.
El azote cobra muchas vidas,
incluidas las de más de 100 niños. El Gobierno cubano debe
adquirir en mercados lejanos los recursos negados por el imperio,
los cuales le cuestan hasta 14 veces más, debido a precios
superiores y las erogaciones por la transportación.
2003: Estados Unidos obstaculiza a
Cuba la compra de medios diagnóstico para enfrentar la primera
epidemia global desatada en el mundo en el actual milenio, el
Síndrome Agudo Respiratorio Severo, que en apenas cinco meses desde
su aparición en febrero de este año infestó a más de 8 000 personas en 30 naciones.
Otra vez la Mayor de las Antillas
acudió a terceros para obtener, a altos precios, medios de
detección del coronavirus, causante del mal.
La
compra de los citostáticos, medicamentos vitales en la
supervivencia de niños con cáncer, se ha visto seriamente dañada
debido a que las transnacionales estadounidenses han comprado
laboratorios farmacéuticos que tenían contratos con Cuba
He aquí dos de los innumerables
ejemplos de daños causados al bienestar de los cubanos, sometidos
por más de 40 años al bloqueo económico, comercial y financiero
de Washington, recrudecido recientemente con nuevas medidas
aprobadas por la Casa Blanca.
Rechazada mundialmente, incluso
dentro de la propia sociedad estadounidense, esa política
obstaculiza el esfuerzo y los programas nacionales para disponer de
un sistema sanitario gratuito, de cobertura universal, moderno y
eficiente, que brinde a sus habitantes un elevado nivel de
protección y larga expectativa de vida.
Ni en situación de emergencia Cuba
puede adquirir medicinas y tecnologías norteamericanas, por lo que
sus médicos —en ocasiones— se ven imposibilitados de salvar una
vida o calmar un padecimiento.
La administración de George Bush
desata una verdadera cacería de brujas contra quienes establezcan o
al menos intenten cualquier tipo de acercamiento con la ínsula,
razón por la cual las empresas Beckman-Coulter, Dade-Behring, Abbot
y Bayer no venden sus insumos de laboratorio a Cuba, algunos de
estos únicos en el mundo.
¿Qué importa al mandatario
norteamericano, autoproclamado campeón del libre comercio en el
mundo, si son niños, embarazadas, mujeres o ancianos los más
perjudicados con tales prohibiciones carentes de fundamento legal,
moral y ético?.
El más reciente Informe
de Cuba al Secretario General de la ONU, sobre el cumplimiento de la
Resolución 57/11 de la Asamblea General
de ese organismo internacional, denuncia cómo los niños con
cáncer sufren sobre manera el rigor del bloqueo, al dificultarse la
compra de citostáticos, medicamentos vitales en su supervivencia.
Cita el documento que las
transnacionales de EE.UU. se apoderaron de los laboratorios
farmacéuticos MDS Nordion's, de Canadá, suministradores de equipos
de braquiaterapia.
Como resultado el país caribeño no
puede adquirir por esta vía fuentes de isótopos radioactivos
Ir-192 para los tratamientos antitumorales.
También se afecta el programa de
transplantes a menores. La lucha por la vida de los niños que
necesitan someterse a esas riesgosas intervenciones quirúrgicas,
requiere en muchos casos el traslado del paciente y su acompañante
a países lejanos, con alto costo financiero, además de las
molestias que ocasiona a los familiares.
Sufren la criminal política los
discapacitados, debido a la escasez de corticoides, antibióticos de
tercera generación, antioxidantes y bolsas urinarias infantiles, de
menor precio en el mercado norteamericano, totalmente vedado por ley
para Cuba.
La lista de ejemplos de las nefastas
consecuencias del bloqueo es tan extensa como inagotables los
esfuerzos humanos y financieros de Cuba para resistir y poseer, sin
embargo, altos índices de salud. (AIN)