WASHINGTON, 30 de octubre (PL). —
En un intento de evadir la ola de ataques contra las fuerzas de
ocupación, el Gobierno estadounidense ordenó al Pentágono
sustituir apresuradamente sus tropas por soldados de ese país
árabe, informa hoy The New York Times.
El presidente George W. Bush urgió
al Departamento de Defensa a "acelerar sus planes para poner a
las fuerzas iraquíes de seguridad en las calles de Bagdad y otras
áreas, donde los efectivos de Estados Unidos han sido blanco de
ataques", asegura el diario.
De acuerdo con el rotativo, el
llamado del mandatario se produjo la víspera durante una reunión
del Consejo de Seguridad Nacional, en la cual aceptó incluso que el
orden público en la nación ocupada fuera asumido por fuerzas
locales, integradas en muchos casos por jóvenes de entre 18 y 19
años de edad, sin el debido entrenamiento.
"El Presidente fue bien claro al
decir que el cambio (de unas fuerzas por otras) no se estaba
produciendo con la rapidez necesaria", comentó al Times un
alto funcionario de la Administración.
Como parte del plan del Pentágono,
miles de iraquíes que actualmente se desempeñan como guardias de
seguridad —en instalaciones petroleras, gasoductos, y otros
objetivos económicos— deberían estar recibiendo entrenamiento en
Iraq y Jordania, para asumir el control de las áreas de mayor
accionar de la resistencia.
En opinión de miembros del
Departamento de Defensa, la milicia iraquí articulada por los
ocupantes debe hacerse cargo de las calles, principalmente en áreas
del noreste de Bagdad, donde más intensos han sido los atentados
contra las tropas interventoras en el país árabe.
Para la conformación de esta fuerza
en la nación ocupada, el Pentágono recluta, además, guardias
fronterizos y oficiales de policía, incluso en medio de la
desesperación, valora la posibilidad de captar hasta ex miembros
del ejército que lideró Saddam Hussein, aseguró un alto
funcionario del Pentágono.
La urgencia de Estados Unidos para
que sus uniformados abandonen suelo iraquí se hizo más evidente
desde el último fin de semana, tras desatarse una ola de atentados
en rechazo a las fuerzas ocupantes, espiral cuyo saldo en cinco
días sobrepasa los 40 muertos.
El pasado domingo, miembros de la
resistencia lanzaron una andanada de cohetes contra el capitalino
hotel Al Rishad, donde se alojaba el subsecretario de Defensa
norteamericano, Paul Wolfowitz, quien estaba de visita para
fiscalizar el curso de la intervención extranjera.
Desde que el presidente Bush
declarara el fin de las principales acciones combativas en Iraq en
mayo último, 119 uniformados del Pentágono murieron en ese
escenario, como consecuencia directa de operaciones guerrilleras,
cifra superior a los que perecieron durante la invasión.