Este mes se cumplen 44 años del
bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, desde que Eisenhower tomó la
iniciativa en el 59 y Kennedy la formalizó en el 62.
Diez presidentes y sus respectivas
administraciones han transitado la historia apuntalando el bloqueo e
intentando universalizarlo.
A los cubanos han causado un
perjuicio económico superior a los 72 mil millones de dólares.
La falta de medios y medicamentos
para evitar muertes y enfermedades, no se contabilizan en dinero.
Esas los nacionales las llevan apuntadas en la memoria y en el
corazón.
El bloqueo contra Cuba ha servido
para muchas cosas dentro de la política doméstica norteamericana.
A los grupos mafiosos anticubanos que operan en Miami les ha
permitido enriquecerse con la industria de la subversión y el
chantaje.
Hoy esos contrarrevolucionarios
vociferan histéricos cuando, a pesar de los obstáculos
instrumentados por el Gobierno estadounidense, perciben un discreto
acercamiento al mercado insular por parte de varios sectores
económicos de ese país.
Resulta que los comerciantes
norteños perciben potencialidades adquisitivas en la mayor de las
Antillas, y se sorprenden ante los requisitos excepcionales
impuestos por sus autoridades para exportar allí sus alimentos.
Al mismo tiempo, los empresarios
conocen un sinnúmero de trabas absurdas, instrumentadas por la Casa
Blanca, las cuales les impiden comprar mercancías en Cuba con lo
que harían excelentes negocios.
Esos sectores se percatan cada vez
más de la realidad del bloqueo y presionan al Congreso
estadounidense, quien ya da ciertos pasos encaminados a suprimir las
sanciones, a contrapelo de la voluntad del poder ejecutivo.
La mafia anticubana no lo soporta,
como tampoco admite que el Ballet de Cuba, de la mano de Alicia
Alonso, recorra ciudades norteamericanas.
Los mafiosos vociferan impunemente su
vocación terrorista, recuerdan méritos ganados en ese terreno y
amenazan con negarle a Bush los votos del sur de la Florida, de cara
a las aspiraciones reeleccionistas de 2004.
De paso, "los líderes del
exilio anticastrista" recuerdan que fueron precisamente sus
maniobras fraudulentas de los últimos comicios las que por arte de
birlibirloque sentaron a George W. Bush en el sillón presidencial.
La actual Administración responde a
ese chantaje instrumentando nuevas restricciones y multiplicando
amenazas contra la Isla.