Histeria y bloqueo

ROBERTO PÉREZ BETANCOURT (*)
Especial para la AIN

Este mes se cumplen 44 años del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, desde que Eisenhower tomó la iniciativa en el 59 y Kennedy la formalizó en el 62.

Diez presidentes y sus respectivas administraciones han transitado la historia apuntalando el bloqueo e intentando universalizarlo.

A los cubanos han causado un perjuicio económico superior a los 72 mil millones de dólares.

La falta de medios y medicamentos para evitar muertes y enfermedades, no se contabilizan en dinero. Esas los nacionales las llevan apuntadas en la memoria y en el corazón.

El bloqueo contra Cuba ha servido para muchas cosas dentro de la política doméstica norteamericana. A los grupos mafiosos anticubanos que operan en Miami les ha permitido enriquecerse con la industria de la subversión y el chantaje.

Hoy esos contrarrevolucionarios vociferan histéricos cuando, a pesar de los obstáculos instrumentados por el Gobierno estadounidense, perciben un discreto acercamiento al mercado insular por parte de varios sectores económicos de ese país.

Resulta que los comerciantes norteños perciben potencialidades adquisitivas en la mayor de las Antillas, y se sorprenden ante los requisitos excepcionales impuestos por sus autoridades para exportar allí sus alimentos.

Al mismo tiempo, los empresarios conocen un sinnúmero de trabas absurdas, instrumentadas por la Casa Blanca, las cuales les impiden comprar mercancías en Cuba con lo que harían excelentes negocios.

Esos sectores se percatan cada vez más de la realidad del bloqueo y presionan al Congreso estadounidense, quien ya da ciertos pasos encaminados a suprimir las sanciones, a contrapelo de la voluntad del poder ejecutivo.

La mafia anticubana no lo soporta, como tampoco admite que el Ballet de Cuba, de la mano de Alicia Alonso, recorra ciudades norteamericanas.

Los mafiosos vociferan impunemente su vocación terrorista, recuerdan méritos ganados en ese terreno y amenazan con negarle a Bush los votos del sur de la Florida, de cara a las aspiraciones reeleccionistas de 2004.

De paso, "los líderes del exilio anticastrista" recuerdan que fueron precisamente sus maniobras fraudulentas de los últimos comicios las que por arte de birlibirloque sentaron a George W. Bush en el sillón presidencial.

La actual Administración responde a ese chantaje instrumentando nuevas restricciones y multiplicando amenazas contra la Isla.

En Cuba nadie pierde el sueño. Evidentemente, 44 años de bloqueo son muchos años, y durante ese lapso los cubanos aprendieron a andar sin muletas. (AIN)

(*) El autor es colaborador de la AIN

 

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