Una isla que suena

JORGE GÓMEZ BARRANCO (*)

Cuba es una isla que suena.

Es imposible caminar nuestras calles, y no escuchar un radio, una grabadora, una muchacha destrozando tal vez una canción inolvidable, un vendedor improvisando un pregón, un coro de pioneros que caminan hacia el museo cercano cantando algo que está de moda...

Foto: JORGE LUIS GONZÁLEZLa música ha acompañado, y acompaña, al cubano en todas sus acciones, desde las más extraordinarias batallas, hasta el más íntimo acto de amor.

Solo eso explica por qué las guitarras han pasado de mano en mano, y cada hecho ha tenido su canción, y cada ciudad su montuno, y cada costumbre su guaracha, su songo o su danzón.

Solo eso explica por qué Sindo y Corona, y Portillo y Teresita Fernández, y Silvio y Sara González; por qué Roldán y Caturla, y Lecuona, y Fariñas, Frank y Leo Brouwer, por qué Faílde y Romeu, y Matamoros y Piñeiro, y por qué la Aragón, el Benny y los Van Van.

Solo eso explica también por qué la gente sencilla de nuestro pueblo siente como suyo cada triunfo de nuestra música en cualquier escenario, en cualquier certamen, en cualquier continente.

Pero la rendición de cuenta, y el dictamen de la Comisión eran sobre el hoy, y, más que todo, sobre el mañana.

Siendo algo tan imprescindible en nuestra vida, la música ha estado sometida a los mismos rigores que toda la vida económica y social del país en tiempos de período especial y bloqueo económico. Aun los creadores, intérpretes y agrupaciones mejor equipados están muy distantes de poseer la costosa y sofisticada tecnología con la que se trabaja en muchos países. Sin embargo, y lo afirmo sin demagogia, chovinismo ni ridículo triunfalismo, los resultados artísticos alcanzados por nuestros músicos, en estas condiciones, superan las más optimistas expectativas, y son material de estudio entre músicos de incontables países desarrollados.

Solo como ejemplo, vale la pena señalar que, en medio de una durísima contracción mundial del mercado discográfico, de campañas de todo tipo tejidas contra nuestros artistas, y del omnipresente bloqueo, que hacen virtualmente imposible colocar nuestros discos en los grandes mercados internacionales, la calidad del disco cubano, como objeto integral, compite exitosamente con la de las más desarrolladas discografías del mundo. Lo mismo sucede con el video clip nacional que lo promociona. Por ello, los grandes certámenes internacionales, incluidos los más comerciales (como son los llamados premios Grammy), se han visto obligados a incluir, entre sus nominaciones y premios, numerosas producciones discográficas cubanas. No tengo duda de que esto es una de las tantas muestras de lo que la Revolución ha significado en la cultura.

Algunos músicos, ciertamente, han alcanzado un nivel de vida relativamente alto. Posiblemente habrá quien se sensibilice ante esa realidad. Sin embargo, en la mayoría de los casos, esos artistas son hombres y mujeres de nuestro pueblo que han llevado nuestra música a muchos lugares fuera de nuestras costas, y han sido, y son, una fuente permanente de ingresos para nuestro país. Han colocado su música en los pocos espacios que el enemigo ha dejado, y han logrado vender algunos discos, algunos conciertos. Pero los vemos andando nuestras calles, porque no han vendido su conciencia, su identidad cultural ni su amor a la Patria. No se han sumado al carro de los poderosos. Ni aun la amplificación desmesurada de la reacción mediática ante la deserción o la traición, ha logrado convencer a nadie con aquella estúpida canción que decía que "el son se fue de Cuba". Como dijo el trovador: "No vivimos en una sociedad perfecta", pero el son no se ha ido de Cuba... ni el viejo danzón ni la rumba ni la trova (vieja, nueva o novísima) ni la música coral ni la sinfónica ni la de cámara ni la electroacústica ni nuestro jazz ni nuestro rock ni nuestro naciente hip hop.

De todos modos, creo justo decirles, con toda honestidad, que son muchísimos más los que andan, instrumento en ristre, en cuanta guagua o bicicleta les sirva para llegar allí donde los espera el pueblo que es punto de partida y fin de todas sus obras. Los unos y los otros están aquí, sumando sus voces en las fiestas populares y en las tribunas.

(*) Director del Grupo Moncada. Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por el municipio de 10 de Octubre.

 

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