MADRID, 27 de octubre (PL). — La
polémica y las críticas a un proyecto de nuevo estatuto
autonómico para el País Vasco que refuerza las libertades de ese
territorio, tienen hoy un amplio espacio en el ambiente político
español.
El sábado último, el presidente del
gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, presentó ante el Parlamento
autonómico el controvertido proyecto para reformar el estatuto de
autonomía.
La idea clave del texto, rechazado
por las autoridades de Madrid y los partidos Popular (PP) y
Socialista Obrero Español (PSOE), estriba en proclamar el derecho
del pueblo vasco a decidir su futuro de acuerdo con el derecho de
autodeterminación de los pueblos.
En una declaración institucional,
Ibarretxe expresó que los vascos necesitan "de nuevos
instrumentos y competencias, de más capacidad de decisión propia
para que la sociedad vasca pueda afrontar los nuevos retos del
futuro".
Añadió que "queremos convivir
reconociéndonos y respetándonos (españoles y vascos), iniciar un
debate sereno, un diálogo pacífico y normalizado, sin insultos y
descalificaciones".
"Todos y cada una de las
personas que vivimos en Euskadi somos los que vamos a decidir con
nuestro voto nuestro futuro. Es nuestro derecho y nada ni nadie nos
lo puede arrebatar".
El nuevo estatuto, que promovería la
convivencia, según sus partidarios, o la ruptura y la desunión, a
juicio de sus detractores, plantea puntos ya conocidos como el
establecimiento de la plena validez política, jurídica y
administrativa para la nacionalidad vasca, haciéndola compatible
con la española.
Establece asimismo un estatus de
libre asociación con el Estado español y contempla la posibilidad
de establecer vínculos políticos con la vecina comunidad de
Navarra y representación directa en la Unión Europea.
El texto, que cuenta con un
preámbulo, 69 artículos, tres disposiciones transitorias y una
final, también plantea como aspectos nuevos la creación de una
comisión bilateral entre Euskadi y el Estado español y un tribunal
de conflictos para dirimir las discrepancias que puedan surgir entre
ambos.
También, establece la creación de
un poder judicial propio que pasaría a ser uno de los poderes de la
comunidad libre asociada a través de un Tribunal Superior de
Justicia de Euskadi.
De ser aprobado en el Parlamento de
Vitoria, capital del rico y próspero País Vasco, el proyecto
sería sometido a un referéndum convocado por las autoridades
autonómicas, lo cual, a juicio del Gobierno central, constituiría
una violación de las leyes españolas.
La presentación del proyecto por
Ibarretxe promovió la inmediata respuesta de sus detractores.
Desde la ciudad vasca de Guernica,
Mariano Rajoy, candidato del PP a las elecciones presidenciales del
2004 y secretario general de ese partido, aseguró que el plan de
Ibarretxe "contradice radicalmente la letra y espíritu de la
Constitución y aunque esta fuera reformada, tampoco sería
viable".
Al respecto, consideró que "su
viabilidad exigiría la destrucción de la Constitución misma,
porque la autodeterminación solo es predicable en el conjunto del
pueblo español como único titular de la soberanía del
país".
Por su parte, José Luis Rodríguez
Zapatero, secretario general del PSOE, dijo en esta capital que su
partido, aunque no gobierna, tiene el máximo compromiso con la
unidad de España y la Constitución, y calificó el plan de
excluyente e imposición para los ciudadanos vascos que no se
sienten nacionalistas.
En tanto, Gaspar Llamazares,
coordinador general de Izquierda Unida, coalición que defiende su
propia propuesta de un modelo federalista para España, no rechazó
el plan pero confió en que finalmente haya una iniciativa que
cuente con el consenso de nacionalistas o no, y pueda ser sometida a
consulta de los vascos.
Por su parte, el presidente del Gobierno español, José María Aznar, declaró en la ciudad de
Barcelona que todos los españoles se verán perjudicados si avanza
esa "iniciativa política al margen de la Constitución" y
pidió la movilización de toda la sociedad contra el plan de
Ibarretxe.