Justo en los albores de la esperanza,
las bombas rompieron la calma de una tarde entre cañas y mar para
"recordarles" a los pobladores del batey del central
Niágara, hoy Manuel Sanguily, en Pinar del Río, que los pobres
merecían el desprecio por destino.
Sucedió el 26 de octubre de 1959,
solo a 10 meses del triunfo de la Revolución, época en la cual ya
era común la quema de cañaverales y los atentados contra
poblaciones u objetivos económicos, en una larga historia de
terrorismo disimulado con los más absurdos pretextos.
Fue ese un día muy especial: el
Comandante en Jefe Fidel Castro hablaba en la Avenida de las
Misiones, en La Habana, en una concentración.
Allí, en el otrora Palacio
Presidencial, se dirigiría por última vez al pueblo el legendario
Camilo Cienfuegos.
Durante el resumen, Fidel leyó
cables de la UPI (United Press International) sobre algunos aviones
procedentes de Miami prestos a lanzar volantes a la movilización
popular, y segundos después dio cuenta del atentado al central
pinareño.
El soldado José Galeno tenía
entonces 22 años y mientras hacia la guardia miraba por la ventana
de la casa del enfermero, en el pequeño ingenio del municipio de La
Palma, para ver por TV el discurso del Líder, cuando de pronto se
nubló el sol.
Según sus declaraciones al
periódico local Guerrillero, eran las cuatro o las cinco de la
tarde, el avión venía desde la altiplanicie de Cajálbana como una
"bola prieta" que en el batey lanzó un niple en forma
tubular de unas 100 libras, tres pies y como mínimo seis pulgadas
de grueso.
"Cayó en la casa de Angel Berto
Pimentel, exactamente sobre la cama. No estalló pero rompió las
paredes.
"Luego siguió, tiró otros
niples más: uno en la casa de calderas y como cuatro granadas
americanas justamente arriba del central, pero ninguna explotó.
Después cortó hacia el Norte y no regresó más.
"Llamamos a La Palma y vinieron
los compañeros del Ejército Rebelde. Al llegar mi amigo Máximo y
yo ya cargábamos los niples y los llevábamos al cuartel del pueblo.
De esos acontecimientos quedan fotos y reportes.
"Nunca supimos si los antiguos
dueños emigrados tuvieron relación con el ataque; sin embargo,
recuerdo en cuánta miseria nos tenían, pues aunque había un
médico revolucionario no teníamos dinero para las medicinas,
vivíamos concentrados. Yo me puse el primer par de tenis a los 17
años".
Aunque el bombardeo al Niágara no causó pérdidas humanas, sí constituyó un
vil ultraje a la integridad de los pobladores del sitio y a ese
básico sector económico, en tanto se inscribe en los continuos
ataques generados por el odio imperial.
La larga historia de terrorismo
contra Cuba desde Enero del 59 ha costado la vida a 3 478
ciudadanos, mientras otras 2 099 personas quedaron con
distintos tipos de discapacidad. (AIN)