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Pinar del Río
A 45 años de la
semana sangrienta
Ronal
Suárez Ramos
Como La semana
sangrienta fueron bautizados por el pueblo pinareño, aquellos días
de octubre de 1958 en que la dictadura batistiana lanzaba sus
zarpazos de fiera herida, impotente ante el arrollador avance de las
fuerzas revolucionarias.
En total, 11 fueron las
víctimas de la barbarie en los municipios de Pinar del Río y Los
Palacios, entre el 21 y el 24 de aquel fatídico mes. Bastaba ser
joven para ser sospechoso, y los cuerpos represivos no necesitaban
más para actuar.
Uno de los crímenes
más horrendos se cometía en las personas de los hermanos José
Antonio, Enrique y Gilberto Barcón, de 29, 27 y 18 años,
respectivamente. De familia honrada y laboriosa, "los galleguitos",
como se les conocía popularmente, fueron detenidos al mediodía del
día 21 en el pequeño establecimiento donde trabajaba Gilberto —situado
en la esquina de las calles Isabel Rubio y Manuel Landa—, mientras
esperaban un auto que los llevaría hasta la finca de la familia.
Días antes había sido
ajusticiado por un comando revolucionario un esbirro de la
dictadura, y la policía buscaba rabiosamente en quiénes descargar
su sed de venganza.
En el propio céntrico
lugar, a la vista del público, los golpearon salvajemente; luego
los introdujeron en un automóvil y los trasladaron al kilómetro 11
de la carretera a Luis Lazo, donde los ultimaron a balazos. Sus
cuerpos sin vida fueron encontrados al día siguiente.
En el lugar conocido por
Salto del Venado, de la zona montañosa de Niceto Pérez, San
Cristóbal, aparecerían durante los primeros días de 1959 los
restos de Pedro Hernández, Luis Cardoso, Patricio Páez y Martín
González.
Los cuatro, residentes
en Los Palacios, se habían vinculado en mayor o menor grado con la
guerrilla que operaba en la Sierra del Rosario y fueron capturados
indistintamente entre el 17 y el 21 de octubre de 1958; en esa
última fecha se ejecutó el alevoso crimen.
El 23 era asesinado en
una casa próxima al antiguo Centro Médico, el combativo
revolucionario, casi un adolescente, Raúl Sánchez (Laíto).
Perseguido de cerca por la policía, se había refugiado en aquella
vivienda, donde luchó hasta caer mortalmente herido. Ese día
cumplía 17 años.
Una delación condujo a
los uniformados hasta la casa donde habían coincidido el día 24
los fogueados miembros del Movimiento 26 de Julio, Lázaro Acosta y
Carlos Hidalgo, y el estudiante de Medicina Justo Legón, quien
precisamente se encontraba en el lugar para curarle una pierna
herida al primero. Todos fueron asesinados a mansalva.
¿Dónde estaban
entonces los paladines de los derechos humanos? Es sabido que la
dictadura batistiana se mantuvo con el visto bueno y el
abastecimiento de armas del Gobierno de los Estados Unidos de
América. Quienes hoy alarman al mundo cuando la Revolución se
defiende y hace caer el peso de la ley sobre los que tratan de
regresarnos al pasado, guardaron silencio cómplice mientras la vida
de una persona en Cuba estaba a merced de cualquier sicario. |