EL hecho mismo de que en el mundo
habiten más de 1 200 millones de musulmanes, y que precisamente
varios de los países donde se práctica esa religión sean objeto
hoy de la más despiadada guerra de agresión, hacen del mes de
ayuno de este año, iniciado el fin de semana, un Ramadán
diferente.
¿Qué momentos de meditación y
recogida pueden tener los iraquíes, palestinos, afganos, libaneses
o sirios; unos viviendo bajo la bota de soldados ocupantes, otros en
plena guerra de agresión por parte de un Israel que quiere
exterminarlos, y los demás amenazados por la potencia militar que
pretende gobernar al mundo con las guerras?
El mes de ayuno musulmán debe
comenzar el noveno mes del calendario lunar, el día en que la luna
se observa en cuarto creciente en el horizonte occidental, justo
después de la puesta del sol.
Los astrónomos de los países donde
se práctica la religión musulmana, abren por esta fecha las
ventanas de sus viviendas en busca del creciente de la luna, signo
que marca el comienzo de 30 días dedicados a la abstinencia,
devoción y solidaridad con los desposeídos.
Los augurios, tanto de religiosos
como de observadores políticos, se refieren a un Ramadán distinto
este año, lleno de rabia y odio para quienes han humillado a uno de
sus países practicantes, Iraq, además de haber desatado una
verdadera cacería internacional desde septiembre del 2001, contra
aquellos que muestren algún símbolo de la cultura árabe, aunque
solo sea el de portar el Corán.
¿Qué pasa durante el Ramadán?
Los musulmanes empiezan este mes con
un ayuno desde el alba hasta la puesta del sol.
Se levantan de madrugada y consumen
algún alimento sólido y líquido previo al ayuno. Durante todo el
día, hasta el anochecer no se ingiere nada, ni se practica el sexo,
como condición prevista por el estricto código moral islámico.
Con la caída del sol se rompe el
ayuno, generalmente con frutas y jugos, se realiza la llamada
Oración de la Puesta, y posteriormente se invita a una comida
completa.
Entre las primeras actividades
reportadas con el inicio del ramadán este fin de semana, en Egipto,
dos de las mezquitas más antiguas de El Cairo, levantadas por
artistas mamelucos, fueron abiertas al público, una vez acabada las
obras de restauración.
Son ellas, las mezquitas de Zine
Al-Abidin y Fátima al-Navawiya, instalaciones que tienen una
importancia especial para el mundo islámico, ya que llevan el
nombre del hijo mayor del profeta Mahoma, y de su hija Fátima.
En Arabia Saudita, en tanto, las
autoridades locales advirtieron a los residentes extranjeros no
musulmanes, que anulará sus contratos laborales y los deportará
del país si no respetan el mes sagrado del ayuno musulmán.
En Líbano, una de las más altas
autoridades chiítas del país, Mohammed Hussein Fadlallah, anunció
que el mes sagrado o Ramadán comenzará este año el lunes 27 de
octubre, aunque para esta fecha, en muchos países se hayan iniciado
las celebraciones.
Y en Túnez, a pocas horas del
comienzo del mes del Ramadán, los habitantes parecían empujados
por una sed consumista y acudían ayer a los centros comerciales a
recopilar los alimentos tradicionales a consumir en estos treinta
días.
Según estadísticas oficiales
tunecinas, el consumo de carne de cordero se eleva por estos días a
más del 27%, el del pan a un 150%, la leche un 37%, y las conservas
de pescado hasta un 200%.
La comunidad musulmana mundial está
formada por 1 200 millones de practicantes en países que van desde
Kazajastán en la antigua Unión Soviética, a Nigeria, en África,
o de Indonesia a Marruecos.
Así ha comenzado un Ramadán
diferente, donde, en países como Iraq, los musulmanes tendrán
que compartir este mes de plegarias y meditaciones, con la
humillante presencia de casi 200 000 soldados extranjeros que, entre
otras cosas, han destruido mezquitas y otros lugares santos, y
matado a creyentes en momentos en que, incluso, portaban como
"arma" el Corán.