BRASILIA, 9 de octubre (PL). — La
pretensión de Estados Unidos de imponer reglas al mundo recibió un
duro golpe en Brasil, al negarse el Gobierno a recibir una
evaluación de ese país sobre la situación de los derechos humanos
aquí.
La decisión siguió a recientes
posiciones públicas del Gobierno en rechazo a las acusaciones
norteamericanas de que Brasil boicoteó las negociaciones en la
Organización Mundial de Comercio (OMC) y el Área de Libre Comercio
de las Américas (ALCA) y de que supuestamente el país quedó
aislado en la última reunión sobre esta iniciativa de Washington.
Pero coincidió, además, con la
conclusión de una visita al país —con amplio apoyo gubernamental—
de la relatora especial de la ONU para ejecuciones sumarias,
arbitrarias y extrajudiciales, Asma Jahangir, que durante tres
semanas visitó cuántos lugares quiso, recibió decenas de
denuncias y formuló declaraciones críticas sin limitación alguna.
El ministro-secretario nacional de Derechos
Humanos, Nilmario Miranda, al anunciar que se negó a
recibir un informe del Departamento de Estado sobre la situación de
los derechos humanos en Brasil, dijo que conceder la audiencia
solicitada por la embajada de Estados Unidos al respecto habría
sido legitimar esa política norteamericana.
Miranda precisó: "Damos total apoyo
a las comisiones de derechos humanos de la ONU y de la OEA. Pero no
aceptamos que un país haga informe sobre otro. Ellos pueden hasta
hacerlo para consumo interno. Pero recibirlos sería legitimar esa
práctica".
Ejemplificó que Brasil no proyecta
"hacer un informe sobre Argentina y no queremos que ellos hagan
uno sobre Brasil. De la misma forma que no hacemos sobre los Estados
Unidos y no queremos que hagan sobre nosotros".
El impacto que la decisión
brasileña causó en las autoridades estadounidenses se puede
evaluar en el párrafo final de una información hoy del diario O´
Globo sobre el tema: "Procurada por el Globo, la embajada de
los Estados Unidos no se pronunció sobre el asunto".
En contraposición, el Gobierno
ofreció todo su respaldo a la Relatora de la ONU y Miranda dijo que
su labor será una ayuda en la lucha por el pleno respecto a los
derechos humanos en Brasil.
Antes de abandonar el país ayer, la
funcionaria confesó que el presidente Luiz Inacio Lula da Silva,
con quien se reunió, la impresionó más de lo que esperaba, pues
dijo estar acostumbrada a que los mandatarios se interesen solo
genéricamente por los problemas apuntados por ella, mientras este
reclamó detalles de sus investigaciones.
Informó que en el informe que
elaborará en los próximos meses, tras su visita de tres semanas a
Brasil, indicará que aquí hay violaciones graves de los derechos
humanos y la policía mata y humilla a las familias de las
víctimas, pero el Gobierno se muestra interesado en resolver el
problema y ya hace esfuerzos en esa dirección.
Esa visita y los pronunciamientos
reiterados sobre el tema de Miranda, de otros ministros y del propio
Lula, muestran que el Gobierno no niega los problemas existentes en
el campo de los derechos humanos y la necesidad de enfrentarlos, de
modo que el rechazo al informe de Estados Unidos no es por lo que
diga, sino una decisión soberana de no reconocerle derecho a
decirlo.
La respuesta de Miranda se produce,
además, después de que el canciller Celso Amorim respondió con
firmeza en los últimos días a las acusaciones estadounidenses de
que Brasil había bloqueado las negociaciones en la OMC y el ALCA y
ripostó que cuanto ha hecho el país es en defensa de sus
intereses.
Y respecto a la aseveración de
funcionarios norteamericanos de que Brasil quedó aislado en la
reunión sobre el ALCA celebrada la semana pasada en
Trinidad-Tobago, Amorim ripostó que solo 13 países de los 34
involucrados en esas negociaciones rechazaron la propuesta
presentada por el Mercosur en esa cita.
En alusión a Estados Unidos y los 12
países que lo apoyaron, agregó que "si ellos quieren un ALCA
más amplia, que la hagan, pero no cuenten con nosotros. A no ser
que nuestros intereses sean atendidos".
Pero Brasil no se limitó a rechazar
acusaciones, sino que en una reunión que encabezó ayer Lula con
varios de sus ministros se decidió iniciar un trabajo en búsqueda
del apoyo de los países que se pronunciaron contra la propuesta del
Mercosur, según informó el canciller Amorim.
A fines de mayo pasado, cuando estuvo
aquí el representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick,
se le dejó claro que si ese país persistía en dejar los subsidios
agrícolas y las barreras arancelarias fuera del ALCA, para
negociarlas en la OMC, Brasil llevaría a este foro puntos como
propiedad industrial e inversiones, que Washington quiere incluir en
el ALCA.
Y fue precisamente la intransigencia
de Estados Unidos y Canadá en el mantenimiento de los subsidios
agrícolas que perjudican la entrada de producciones de ese sector
provenientes de Latinoamérica, la que provocó el fracaso de la
cita de Puerto España.
Con ello el ALCA promovida por
Washington entró en zona de riesgo difícil de sortear mientras se
consolidaron las posturas del Mercado Común del Sur (Mercosur),
integrado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, como el
principal valladar frente a las pretensiones de los grandes del Norte, también responsables del fracaso de la cita de la OMC en
Cancún.