La aberrante obsesión anticubana de
10 administraciones estadounidenses las ha conducido a la violación
de varios preceptos de su propia Constitución, y a la creación de
toda una legislación de aplicación exclusiva para las relaciones
con la Mayor de las Antillas, en un caso históricamente inédito.
Con solo revisar el enorme paquete de
medidas de todo tipo, todas vigentes, como parte de la virtual
guerra económica contra la Isla, se comprueba cuán lejos ha
llegado el poderoso Imperio en su empeño de destruir la Revolución
cubana.
Entre éstas resalta la prohibición
a los norteamericanos para viajar a Cuba, decisión violatoria de la
Carta Constitucional de la Unión y lesiva de un elemental derecho
individual de los ciudadanos, sin precedente en otro sitio del
planeta en la era moderna.
La represión por tal motivo ha ido
en aumento. Baste señalar que en los ocho años de la administración
Clinton los sancionados por esta razón fueron 400, mientras que en
el gobierno de Bush, en apenas tres años, han sido multados más de
1 200.
Pero la prohibición no sólo
atropella la libertad individual, sino afecta también los intereses
económicos de EE.UU.
Este fue uno de los principales temas
debatidos en la Asamblea Anual de la Asociación Americana de
Agencias de Viajes (ASTA), celebrada en noviembre pasado en
Honolulu.
Según fuentes norteamericanas, cálculos
conservadores estiman que los ingresos dejados de percibir cada año
por este concepto oscilan entre 700 millones y 1 000 millones
de dólares.
Este foro incluyó en su agenda un
seminario sobre el potencial de viajes a Cuba. Al término, el señor
Paul Ruben, vicepresidente de la organización, declaró a la
prensa: "ASTA nunca había llevado a cabo una reunión que
estuviese tan regulada."
Los participantes en el encuentro,
realizado con fines educacionales y de información, fueron
conminados a firmar planillas declarando que ellos entendían que
viajar a Cuba estaba sujeto a severas restricciones.
El tema preocupa cada vez más a
diversos sectores de esa sociedad y ya se anuncia la próxima
celebración en Cancún, México, de una conferencia sobre viajes,
para intercambiar información acerca de la industria turística de
Cuba y sus perspectivas.
Asistirán un centenar de directivos
norteamericanos de aerolíneas, agencias de viajes y hoteleros, así
como altos funcionarios cubanos del sector.
Por otra parte, desde hace más de
cuatro años, en el Congreso de la Unión ha adquirido especial
relevancia y son comunes declaraciones al respecto. En este sentido,
Sam Ferrer, legislador demócrata, abordó el asunto desde un ángulo
poco tratado: "La restricción de viajes —señaló— impide
a empresarios estadounidenses crear fuentes de trabajo en Cuba, pero
también en los Estados Unidos".
En la presente legislatura, la Cámara
de Representantes aprobó la eliminación de restricciones para
viajar a Cuba con 227 votos a favor y 188 en contra, y se pronunció
igualmente con el voto favorable de 246 congresistas y 173 en
contra, por restablecer el llamado "flujo pueblo a
pueblo", que permite mayores contactos personales y entre
instituciones de ambos países.
Todavía falta el debate en el
Senado, pero ya el presidente Bush, para no perder tiempo ni
oportunidad de ganar puntos dentro del mafioso lobby electoral
miamense, se adelantó a los acontecimientos y anunció el veto.
Así funciona la tan cacareada
democracia: primero los votos y después, si hay un después, las
libertades individuales y los intereses económicos de Washington.
(AIN)