|
Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores
El pasado 2 de octubre
de 2003, Roger Noriega, secretario asistente de Estado para Asuntos
del Hemisferio Occidental, ratificó, ante una audiencia en el
Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos,
la política de creciente hostilidad y agresión de la
Administración Bush hacia Cuba, anunció un nuevo plan de acciones
subversivas contra nuestro país y reiteró las cínicas acusaciones
de que Cuba está desarrollando un programa limitado de armas
biológicas.
El señor Noriega, a
quien recordamos como asesor del ultrarreaccionario senador Jesse
Helms y uno de los coordinadores junto a la mafia terrorista de
Miami de la redacción de la infame Ley Helms-Burton, evidentemente
se ha convertido ahora, como antes lo fue el señor Otto Reich, en
el principal vocero de la política anticubana, y artífice también
de la injerencia norteamericana contra la Revolución Bolivariana de
Venezuela.
En sus desvergonzadas
declaraciones, Noriega anunció que la Administración
norteamericana intensificará sus esfuerzos para aumentar la
subversión y la labor propagandística contra Cuba, incrementará
las presiones internacionales contra nuestro país, velará porque
se cumplan estrictamente las regulaciones del bloqueo, incluidas las
restricciones de viajes y las medidas contra empresarios extranjeros
que inviertan en Cuba, y amenazó con emprender nuevas acciones
contra los diplomáticos cubanos en Estados Unidos.
Cuba, a la vez que
rechaza totalmente estas nuevas amenazas imperiales del señor
Noriega, denuncia, una vez más, los planes de la Administración
Bush dirigidos a complacer a la extrema derecha cubanoamericana, que
incrementa sus presiones y arrecia su chantaje electoral en la
medida que se acerca la contienda presidencial del 2004.
El señor Noriega padece
de una estúpida arrogancia y actúa como un integrante fanático de
los grupos terroristas de Miami, obsesionado con la destrucción de
la Revolución Cubana.
El personaje vuelve a
mentir descaradamente para tratar de vincular a Cuba con el
bioterrorismo. Es evidente que el ridículo hecho por sus colegas
John Bolton, Dan Fisk y Otto Reich, no le hacen escarmentar. Como lo
hizo anteriormente, Cuba emplaza de nuevo a la Administración
norteamericana a demostrar que no miente descaradamente y presentar
la más mínima prueba que sustente sus mendaces acusaciones con
relación al desarrollo de armas biológicas por parte de nuestro
país. Desprecio merecen tan cínicas mentiras y de antemano les
advertimos que no nos causan el menor temor.
Resulta bochornoso que
altas figuras del gobierno de los Estados Unidos tengan que mentir
ante el Congreso de ese país para intentar justificar su
desacreditada política anticubana.
No vale la pena perder
el tiempo en la falaz charlatanería del señor Noriega. Sus
repugnantes declaraciones y amenazas no le quitan el sueño
absolutamente a nadie en Cuba. De antemano debieran saber cuán
impagable sería cualquier agresión a Cuba.
Ministerio de
Relaciones Exteriores
La Habana, 5 de octubre de 2003 |