Aunque
la tarea esencial de los Comités de Defensa de la Revolución ha
sido en sus 43 años de vida, enfrentar a los enemigos de la
Revolución, las donaciones de sangre constituyen una de sus más
nobles misiones.
Según los historiadores, antes del
triunfo de la Revolución el Banco de Sangre cubano asimilaba dos
tipos de donaciones; las de los familiares o amigos de los pacientes
y las voluntarias, aunque en esa época era muy difícil conseguir
el vital líquido sin pagar por él.
Para el comercio de la sangre llegó
el fin en 1959, y fue ganando espacio la concepción de no esperar
una catástrofe para iniciar el aporte masivo.
En 1961 se prioriza la donación con
la presencia activa de una nueva organización llena de pujanza: los
Comités de Defensa de la Revolución.
Con pleno protagonismo de todo el
pueblo, a partir de 1962 el incremento ha sido enorme y
significativo de año en año. Ello permitió ahorrar a la nación
más de un millón de dólares anualmente, en particular en
importación de hemoderivados no abundantes en el mercado
internacional.
Este año cederista que concluye, los
cubanos han entregado alrededor de 600 000 donaciones y en toda
su historia superan los 12 millones, informó Rubén Pérez
Rodríguez, vicecoordinador nacional de los CDR.
La Organización Mundial de la Salud
trazó la meta para los países subdesarrollados de una donación
por cada 200 habitantes y para los desarrollados por cada 20.
Actualmente Cuba exhibe una por cada
19 personas, y hay territorios con una por menos de 17, única
nación de América Latina que alcanza esas cifras.
Para asegurar el uso adecuado,
racional y científico de la sangre, existe un programa del
Ministerio de Salud Pública integrado por más de 40 Bancos, los
servicios de transfusiones de los hospitales y el Instituto de
Hematología e Inmunología, entre otras instituciones.
Cuba está a la vanguardia mundial en
esta tarea, expresión de cómo han fructificado los valores de
altruismo, solidaridad y humanitarismo infundidos por la Revolución
en el pueblo. (AIN)