Las Soto esperan el Congreso

Iraida Calzadilla Rodríguez

Elodia Soto va a la conquista de los 90 en pocos años, pero sigue siendo la mujer de donaire, fina y elegante, sabihonda y conversadora que sus alumnos de la Formadora Makarenko, y después los de la Escuela Salvador Allende en las jornadas fundacionales, conocieron y quisieron. Si muchos de ellos, diseminados por todo el país, ya abuelos, la vieran, quedarían de un palmo ante la vitalidad de un ser que no apaga la sonrisa y busca tiempo al tiempo para ser siempre útil.

Fue una alegría redescubrirla, porque en estos días en que está por celebrarse el VI Congreso de los CDR, ella lee, escucha y analiza todo cuanto se informa acerca de la reunión que a más cubanos convoca en su condición de membresía masiva, desde su sencillo puesto de presidenta del Comité de Defensa de la Revolución No.12 Juan Manuel Márquez, en el municipio capitalino de Playa, donde desde noviembre de 1960 es parte de su ejecutivo, y en los inicios de la década de los 70 se afianzó en una presidencia que los vecinos ratifican indefinidamente, la última vez, hace apenas cuatro meses.

Y es que Elodia, incluida en el Cuadro de Honor de las 100 Mejores Maestras del Siglo XX cubano, ha pasado a una jubilación activa, niega el aislamiento del adulto mayor, y comenta satisfecha que el CDR le da satisfacción porque no hay nada mejor que sentirse feliz y querida:

"Yo he tenido calor humano como docente y cederista. ¿Quiere que le diga algo?: Los vecinos son parte de mi familia, y el barrio mi propia aldea. Para saber qué está pasando y lo que aspiramos del Congreso no hay que ser delegado, basta comprender lo que significa nuestra organización para este pueblo".

Hablo con varias vecinas. Teresa Méndez afirma que Elodia es una mujer justa, con apego a realizar bien cada tarea, revolucionaria y, por sobre todo, humanísima. Liliam Núñez agrega que "ella no deja pasar las cosas, es fuerte, pero su forma de hablar a las personas convence". Y Rafaela Trujillo destaca la disposición para ayudar a cualquiera que lo necesite, sin importar horas.

"Usted sabe, yo no solo soy la presidenta, sino también la amiga de cada uno. Ellos me cuentan alegrías y penas, y saben que si algo anda mal, ahí les va el consejo", comenta esta maestra emblemática que del Congreso espera "que traiga dinamismo y nuevos métodos de dirección para la organización, porque hay voluntad para siempre mantenerla viva".

El retiro de las aulas ha unido a las tres hermanas Soto. Cira, consagrada en el claustro de la Facultad de Filosofía y Letras, fundadora del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, y también integrante del Cuadro de Honor de las 100 Mejores Maestras del Siglo XX en Cuba; y Paulina —Mimí—, que guarda entre los recuerdos más cercanos la fiesta que le dieron sus alumnas de primaria en Bejucal, un día memorable que las vio llegar, ya casi septuagenarias, con las fotos de cuando eran pequeñas e imitaban a la maestra que las guió de primero a sexto grados.

 

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