IX Festival Internacional de Teatro de La Habana

Nuevos sueños para comenzar

Andrés D. Abreu

Cuando hoy a las 8:30 p.m. se emita una primera luz para iluminar la escena de la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, los muy jóvenes teatristas cubanos de La Colmenita y la ventura con que reviven sus historias serán los primeros en alimentar con un Ajiaco de sueños el jolgorio que significa el Festival Internacional de Teatro de La Habana en su oncena edición.

A ellos no les faltará la compañía de los que han hecho y hacen larga la epopeya de la vida sobre las tablas, representados de manera excepcional por aquellos que han merecido el Premio Nacional de Teatro, y por todos los que añaden contemporaneidad al antiguo arte de la representación, ya sea desde los coliseos o las calles de esta Isla o desde los disímiles escenarios del mundo que hoy se nos acercan desafiando los más dramáticos impedimentos.

Tampoco faltará la otra alma gemela del teatrista, el que llega a la luneta vacía en busca de esa subsistencia entregada y, por la indetenible necesidad de vivir y pensar desde la fantasía para una mejor existencia de la realidad.

 

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