La sombrilla amarilla

¿Paradigma o excepción?

ANTONIO PANEQUE BRIZUELA

Brotan fuegos de fantasía, fuentes de imaginación, chispas de encanto desde este programa dedicado a niños y jóvenes, pero bajo cuya Sombrilla amarilla se cobijan todas las edades. Es, al propio tiempo, su función y su premio.

De izquierda a derecha, Indira Yánez (codirectora), Mariela López (directora), Ivet Vian (guionista) y Yolanda Iglesias (asesora).

En tal deambular de aceptación múltiple, trasiego generacional que no discrimina grupos y se comunica mediante palabras como "ameno", "instructivo", "hermoso", "atractivo", "entretenido" "didáctico" o "buena historia", está el pago que el público tributa a uno de los pocos programas de la Televisión Cubana que escapa, más o menos impoluto, de la pupila crítica.

Pocas y no muy fuertes diatribas, en efecto —si no se anotan los habituales gazapos del oficio— merecería la concepción de un programa que ha ganado muchos defensores, pese a que su edad (la que pretende reflejar o conducir), ha estado relegada, eso sí, por ciertos personajes o grupos, y limitada por recursos imprescindibles para un espacio infantil.

Cuando se alude a las razones por las que no abundan, en su categoría, los programas de esta calidad, algunos de sus realizadores hablan de "subestimación" del género y se quejan de que esta parte de la concepción televisiva "es considerada como algo menor, no como una especialidad", mientras que otros sonríen resignados al oír los relatos sobre ciertas "reacciones" de algunos cuando los autores dicen trabajar en obras para niños.

"Lo infantil en general —declara la autora de la idea y guionista de La sombrilla..., la escritora Ivet Vian— se mira como un subproducto. Tengo amigos intelectuales a quienes el tema les gusta tan poco que me dicen: `Ustedes, los que escriben para niños, realmente escriben contra ellos'. Otra vez, le pregunté a un autor si trabajaba en el tema y todo el mundo a su alrededor se echó a reír".

Tania Licea, jefa de la División de Programas para niños y jóvenes de la Televisión Cubana y una de las gestoras del mencionado espacio, emplea, por su parte, la palabra "incomprensión" respecto al tema y subraya que "no hay ningún documento que diga que este es un género menor, pero funciona a nivel de la subjetividad el minimizar los programas para niños".

Dentro de ese entorno, sin embargo, el equipo que se ha nucleado alrededor de este espacio (actualmente a las 7:00 p.m., los viernes por Tele-Rebelde) ha logrado inusual prestigio entre tirios y troyanos, incluyendo a otros realizadores, y no han faltado eventos, entre ellos relevantes, de la Unión de Escritores de Artistas de Cuba (UNEAC), que sitúen a ese espacio como paradigma en el género. No sin cierta cautela, se habla ya dentro del colectivo sobre un nuevo proyecto...

"Parece de fuera", le comentaron al principio a Tania junto a Mariela López (directora), Indira Yánez (codirectora) y Yolanda Iglesias (asesora) y ellas confiesan que, al oír "eso", les dio "ganas de llorar".

Pero, ¿es La sombrilla... solo "paradigma" o también honrosa "excepción", donde se han unido el reverso de los mencionados obstáculos con el talento profesional, el trabajo en colectivo, una buena dirección y asesoría y un guión cuyo texto original fue un cuento de Ivet Vian de hace 35 años, probado, luego, en la revista Pionero: La Marcolina?

Proyecto para la televisión surgido en 1996 y cuyo primer programa fue en 1999, la autora le adaptó y cobraron vida artística y fuerza de verdad sus siete actuales personajes: Marcolina (Norma Reina), Enrique Chiquito (Michaelis Cué), Anita (Solanye Ramón), Monchipío (Rodolfo Bocour), Chele (Ingrid Cruz), Albertico (Rubén Araújo) y Juan Andarín (Liéter Ledezma).

Pero a todos los ingredientes de éxito en La sombrilla amarilla habrá que añadir el acento femenino dentro del equipo, pues, como se ve, son numerosas las mujeres que inciden en su concepción, hasta el punto de resultar demasiado evidente en medio de las alrededor de 200 personas que toman parte en él.

Alguien comentaba que la anteriormente mencionada "subestimación" del género en nuestros medios se parecía a la manera en que todos nos reímos cuando un niño se expresa como un adulto.

¿Será que —aparte de los demás razonamientos— la mujer, con su atavismo de tolerancia y ternura y su sino de madre potencial, comprende mejor que otros que la alegría de los niños siempre hay que tomarla en serio?

Por el momento, de lo que no hay duda es de que La sombrilla amarilla es un paradigma. Pero duele que esté tan sola en sus umbrosos parajes de excepción...

 

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