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Después de un brillante alegato del Fiscal
Rechazada la solicitud de juicio abreviado a los terroristas
JEAN-GUY
ALLARD
Enviado especial
PANAMÁ, 4 de
septiembre.— Tremenda derrota sufrieron los cuatro sicarios más
famosos de la mafia de Miami, hoy ante el Tribunal Quinto Penal
cuando el juez Enrique Paniza rechazó su solicitud de juicio
abreviado.
El asesino Pedro Remón,
segundo a la izquierda, es
conducido a un vehículo
luego de la vista preliminar.
La decisión surgió
después de un brillante alegato del fiscal Arquímedes Sáez que
aplastó de manera espectacular los argumentos del letrado Rogelio
Cruz y la decisión inesperada de los abogados de otros dos acusados
de no sumarse a este procedimiento con el cual Posada, Remón,
Jiménez y Novo pensaban salvarse.
El llamado juicio
abreviado es un proceso en el cual la defensa reconoce la existencia
de un crimen y solo debe alegar que los acusados no fueron
vinculados a este. La ventaja es evidente: los imputados se evitan
lo desagradable de un juicio donde todas las pruebas son
presentadas, detalladas, y analizadas por el Ministerio Público con
una serie de testigos y expertos. Ciertamente, Posada y sus
compinches no tienen deseo de hacerse pegar, una vez más, la ahora
extremadamente impopular etiqueta de terroristas internacionales a
través de un proceso donde desfila un número de personas que les
caracterizará públicamente como tales.
El fiscal Sáez, hasta
ahí muy discreto, dio una impresionante demostración de su
talento, al demostrar con una aplastante claridad, la
responsabilidad criminal de los cuatro individuos que han perdido ya
bastante de su soberbia.
Al presentar las pruebas
de que dispone la fiscalía para sustentar las acusaciones, señaló
que aquellas "no están basadas en suposiciones, en historietas
ni en cuentos y sí en pruebas de campo, serias, científicas".
Indicó que, en los
interrogatorios realizados ante la fiscalía, "no han podido
sostener una coherencia".
"Ninguna de las
preguntas del Ministerio Público han podido ser contestadas por
Pedro Remón", precisó al destacar la forma con la cual el
vocero de Posada Carriles ha tratado de manipular a la fiscalía con
sus alegaciones inverosímiles de apoyo a un "desertor",
un cuento que solo apareció después de constituidos "doce
tomos de expedientes".
A la entrada del tribunal, Míriam Novo, esposa del terrorista Guillermo Novo, seguía afirmando la inocencia de su marido... "Cómo les van a condenar, si, cuando les arrestaron, solo iban a comprar agua...", repetía con una aparente ingenuidad.
"¿Por qué no lo
hicieron desde el primer momento?", preguntó al rechazar
rotundamente la versión inventada por los cuatro conspiradores
quienes, después de su arresto, pretendieron estar en Panamá para
"protestar contra Fidel" y "para hacer
compras"... esto cuando sus tarjetas de crédito estaban
repletas.
La hipótesis de la
"deserción" de un alto responsable de la Inteligencia
cubana es aún más absurda, demostró el fiscal, ya que el supuesto
"desertor" estuvo en Panamá semanas antes, con la sola
compañía de un ayudante, para preparar la visita del Presidente
cubano. "¿De qué deserción estamos hablando?",
preguntó.
"Las pruebas hablan
por sí solas", expresó el abogado que indicó que queda
demostrado, sin dejar lugar a la menor duda, que Posada y Jiménez
hicieron uso de falsos documentos para su entrada en el país.
ECHAR LA CULPA
"AL NEGRITO PANAMEÑO"
En cuanto a la posesión
ilegal de explosivos, el fiscal denunció cómo Posada, Remón,
Jiménez y Novo esperaban cobardemente lavarse las manos de este
crimen para dejar recaer su peso sobre los hombros de su chofer,
José Manuel Hurtado Viveros, al pretender que el C-4 solo se
encontró entre sus manos. Los mafiosos miamenses soñaban así
echar toda la culpa, "al negrito panameño", dijo.
Hurtado no sabe nada de
explosivos, precisó, "¡pero sí Posada, Jiménez, Novo y
Remón tienen un alto conocimiento de los explosivos!"
El fiscal Sáez
recordó, por otro lado, cómo se había ordenado a Hurtado de hacer
lavar el carro antes de devolverlo a la agencia de alquiler. "A
ningún cliente se le exige que se lave el vehículo antes de
entregarlo", precisó el jurista, explicando que la real
intención de Posada y sus matones era de hacer desaparecer las
pruebas de la presencia de los explosivos.
Pero al conocido
terrorista se le olvido recoger la famosa maleta "que siempre
lo acompañaba" para subirla a su habitación del Coral Suite.
De tal forma que, al abrir el maletero, el chofer Hurtado la ve y
decide regresar al hotel para entregarla. Es a su llegada ahí que
se da cuenta de la presencia de un gran número de agentes de
policía.
"Lleno de temor,
decide irse a la casa de su madre donde deja el maletín bajo su
cama". Los investigadores descubrieron luego el peligrosísimo
bulto enterrado al pie de una palma de coco.
Hurtado, quien al
momento de su arresto colaboró con la policía, contó en aquel
momento lo que le había ocurrido a una trabajadora social, Jenny
Sensi, llamada a informar por la fiscalía. En su testimonio, esta
persona, quien se sitúa completamente fuera de los eventos,
explicó que Hurtado le había precisado cómo esta maleta, "la
cargó siempre Posada Carriles" y "se le quedó".
Dos de los acusados
entraron por Paso Canoa, un puesto aduanero de la frontera
Panamá-Costa Rica, no por "temor a agentes castristas",
explicó, sino para aprovechar la posibilidad de introducir los
explosivos por los numerosos senderos que existen en esta zona y se
usan por numerosos contrabandistas.
Las medidas
electrónicas de detección migratoria de documentos falsificados o
de visitantes indeseables son las mismas en Paso Canoa que en el
aeropuerto internacional de Tocumén, en la capital, de tal forma
que los cuatro terroristas no tenían ventaja ninguna en entrar por
este puesto, salvo el de pasar su peligrosa mercancía.
LA DEFENSA,
DESORIENTADA
Frente al rigor de la
presentación del fiscal Sáez, el abogado de Posada y sus socios no
impresionó a nadie en la pequeña sala donde las reflexiones del ex
Procurador de la República, depuesto por sus nexos con los carteles
colombianos, hicieron sonreír más de una vez.
Contestando la denuncia
de un plan para dejar a Hurtado "el negrito" con toda la
culpabilidad de la posesión de explosivos, Cruz no encontró otra
que lanzar: "¿Y qué? ¿Vamos a condenar al blanquito?"
El alegato del letrado
quien, según lo que se cuenta, ha abandonado su clientela de
Medellín para consagrarse por completo a la mafia de Miami, se
deslizó fuera del camino a tal punto que, en tres oportunidades, el
juez Paniza tuvo que amonestarlo y pedirle se concentrase en los
aspectos jurídicos del debate.
Colmo de lo ridículo,
Cruz llegó hasta decir, con total seriedad: "El fiscal
preguntó qué preparación tenían (Posada y los demás) para la
deserción (de un oficial cubano). Yo pregunto: ¿qué preparación
tenían para poner una bomba a Fidel Castro?"
Alguien en la sala
sopló: "Un doctorado".
En los minutos
siguientes, el representante de los cuatro terroristas recibió un
duro golpe cuando se percató que los abogados de Francisco Arrocha
y de Raúl Rodríguez Hamouzova no se sumaban a la solicitud de
juicio abreviado.
Mañana (hoy), viernes,
el juez Paniza, después de escuchar las partes en el dossier, debe
determinar si ordena un juicio para el conjunto de los individuos
implicados en un intento de atentado que, como se dijo, hubiera
podido ser aún más desastroso, en términos de víctimas, que la
destrucción de las torres gemelas. Hay que recordar que varios
miles de personas se reunieron en el anfiteatro de la Universidad de
Panamá para ver y escuchar al Jefe de la Revolución cubana.
Se supo ayer, con el
alegato del fiscal Sáez, que la explosión que soñaban provocar
Posada y sus cómplices era tan fuerte que hubiera podido matar a
doscientos metros a los pasajeros de un carro blindado.
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