Con Monteforte se enlutan letras de Guatemala por 
segunda vez en 2003

ULISES CANALES

GUATEMALA, 5 de septiembre (PL). — Los guatemaltecos lamentan hoy la muerte de Mario Monteforte Toledo aún sin reponerse de la pérdida de otra gran luminaria de la literatura nacional, luego que en febrero pasado falleciera su entrañable amigo Augusto "Tito" Monterroso.

A juzgar por panegíricos hechos por la radio, la prensa, ciudadanos comunes y el gobierno, el luto no es solo privativo de las letras y de los intelectuales, sino también de los patriotas y revolucionarios, que encontraron en Monteforte y en Monterroso, dos defensores de las ideas más avanzadas de su época.

Hace apenas ocho meses, Monteforte afirmaba a Prensa Latina, en declaraciones exclusivas a este corresponsal, que a "Tito" no se le debía llorar, pues "él nunca hizo llorar, sino por el contrario, invitó a pensar, reflexionar, reír, y así se le debe despedir".

La expresión viene hoy a colación para muchos guatemaltecos que homologan a sus dos grandes del sigo XX, sin demeritar al Nobel de Literatura 1967, el también chapín Miguel Angel Asturias, en lo tocante a su activa participación social durante los gobiernos de la revolución, como identifican al período de 1944 a 1954.

Monteforte fue —según declaró a comienzos de 2003— amigo de Monterroso en las andanzas políticas y literarias durante los 35 años que ambos coincidieron en el exilio forzado en México, luego que el gobierno de Estados Unidos planeó y apoyó en 1954 el derrocamiento de Jacobo Arbenz.

"Siempre estuvimos del mismo lado", subrayó el hombre que es valorado como uno de los ideólogos de aquel proceso que prometió un cambio radical en Guatemala, razón que justifica por sí sola la decisión del actual ejecutivo de decretar tres días de luto nacional por su lamentable deceso.

Monteforte Toledo, distinguido con el Premio Nacional de Literatura de Guatemala (1993), el Águila Azteca de México (1996) y la Gran Cruz de Ecuador (1997), fue presidente del Congreso de la República en 1948, en cuyo hemiciclo se le rendirá hoy homenaje póstumo.

De gran prestigio internacional, el autor de cuentos, novelas, obras de teatro, ensayos políticos y económicos fue un intelectual de izquierda revolucionaria que "vino a hacer por este país lo que le habían vedado los oscuros regímenes dictatoriales", según reseña un diario local, al comentar su retorno de exilio.

Agrega que "con su ejemplo y empuje, logró provocar y despertar la actividad literaria", al punto de que "casi todo lo que en Guatemala se logró en materia literaria en estos últimos 15 años, se debió en buena medida a su intervención desinteresada y generosa", apuntó el intelectual Méndez Vides.

En abril pasado, se anunció la convocatoria a Certamen Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 2003, por iniciativa de una fundación que lleva su nombre y la Fundación Soros de Guatemala.

Algunas de sus obras imprescindibles en la literatura latinoamericana y universal son Anaité, su primera novela, en 1941; Entre la piedra y la cruz (1948), La cueva sin quietud (1949) y Donde acaban los caminos (1950), en cuya versión cinematográfica trabajaba al momento de su muerte.

 

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