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Paraguay..
La gran incógnita
ASUNCIÓN, 14 de agosto.—
Con muchas más expectativas de las que pudieron haber sido blanco
sus predecesores, Nicanor Duarte Frutos asume este viernes la
primera magistratura del Paraguay como el decimotercer Presidente
colorado desde 1947.
Nicanor Duarte asume hoy
la Presidencia de Paraguay.
Sus conciudadanos, aún
cuando están dispuestos a otorgarle un voto de confianza por su
pasado nada comprometido con la corrupción de regímenes anteriores
y su propia extracción social, se preguntan si el nuevo mandatario
podrá cortar de raíz con el sistema prebendario y clientelista que
caracterizó hasta hoy al coloradismo.
No basta, argumentan,
con las expresiones del flamante mandatario de que en su Gobierno "no
habrá padrinos ni parientes, el que no funcione se va a ir".
Los analistas del tema
latinoamericano, por su parte, advierten que sería bueno para la
región que la gestión de Duarte Frutos pusiera énfasis en lo
social y en la integración regional para ampliar un nuevo polo de
poder en el subcontinente, consolidado con las victorias electorales
en Venezuela y Brasil con vistas a afianzar la soberanía y la
autodeterminación frente a las apetencias del mundo unipolar.
La tarea, de asumirla
como ha prometido, es ciclópea.
Estamos hablando de un
Presidente que recibe un Estado con una deuda externa de 2 300
millones de dólares, prácticamente en cesación de pagos con
cuotas vencidas en julio por valor de 43 millones y una
renegociación con los organismos acreedores que deberá pasar por
la austeridad de los gastos públicos, el rediseño del sistema
tributario y la necesidad de poner fin a la corrupción que corroe
diferentes estamentos del poder, entre otros.
Estamos hablando de un
país de casi seis millones de habitantes, de los cuales el 34% vive
entre la pobreza y la pobreza extrema, donde 1 527 131 paraguayos,
es decir, el 27% de la población, no recibe ningún tipo de
servicios de salud y el 45% del total no tiene acceso al agua
potable.
En el Paraguay de hoy se
habla de la "infantilización" de la pobreza. Aquí el hambre tiene
rostro de niño porque 350 000 menores de cinco años padecen
desnutrición crónica a los que suman 45 000 en la franja de
riesgo. Cerca de 300 000 niños y niñas están fuera del sistema de
enseñanza y alrededor de 538 000 se encuentran en condiciones de
pobreza extrema. Se estima, igualmente por cifras oficiales, que un
tercio de los bebés muere sin recibir asistencia médica.
A esta situación de
deterioro social se suma el estancamiento económico, agudizado como
reconoció el propio Duarte Frutos por el despilfarro, la debilidad
institucional y la corrupción en estamentos como el del Poder
Judicial, cuya credibilidad está por el suelo.
La vuelta a un Estado
regulador que promueva la equidad social, constituye hoy uno de los
mayores desafíos del nuevo Gobierno.
Nicanor Duarte Frutos
parece tener voluntad política para iniciar los cambios que
necesita el Paraguay. Falta por ver si las estructuras del sistema y
el comprometimiento de más de dos décadas de neoliberalismo con el
Fondo Monetario Internacional y su principal socio, Estados Unidos,
se lo permiten. (N.D.)
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