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Conversación con Augusto Roa Bastos
Fidel ha sabido conducir una Revolución
a las puertas del imperio
NIDIA DÍAZ y JUVENAL
BALÁN
(Enviados especiales)
Pasaban
de las siete de la noche cuando llegamos. Allí, en el umbral de su
apartamento nos esperó y estrechó la mano con un saludo que más
que cordial lo percibimos emocionado. Su figura baja y robusta
pareciera no percatarse de haber dado asiento a uno de los
intelectuales más comprometidos de su tiempo.
Así de inmensa es su
humildad, tanta que cuando en un momento de la conversación un
colega le pide que caracterice a Fidel Castro, él, uno de los
grandes de la literatura castellana, dice: "Para Fidel a mí me
faltan las palabras porque ha excedido los límites de un dirigente
político revolucionario".
Augusto Roa Bastos nos
abrió las puertas de su casa este 13 de agosto, día del
cumpleaños de nuestro Comandante en Jefe y, entre las cosas que nos
dijo, reveló que ha sido invitado a muchos países pero que es solo
a Cuba a donde quiere ir.
Solidaridad con Cuba en Asunción.
"Voy
a ir a Cuba a establecer una comunicación más fluida y ofrecer mi
presencia y mi vida. Creo que por una causa como la de Cuba, es lo
menos que uno puede ofrecer."
No podía ser de otro
modo. El Premio Cervantes de Literatura de 1989 fue uno de los
primeros intelectuales en firmar y adherirse a la letra y el
espíritu del Mensaje a los amigos que están lejos, emitido por
nuestros intelectuales en los momentos que más arreciaron las
campañas de difamación contra la Revolución.
La consecuencia de sus
actos y de sus principios no podía llevarlo a otro puerto.
Más que una entrevista,
Roa Bastos conversó con los periodistas cubanos. Habló de cómo
todavía hay quienes no comprenden el significado de la palabra
democracia, que no es otra cosa que afianzamiento de la
independencia y la soberanía; ni tampoco, dijo, comprenden el
sentido de esta lucha desigual y se pierden entre las mentiras de
otros.
"Y
en esa lucha desigual Cuba es la bandera a las puertas mismas del
imperio, porque esa es la situación: estar ahí prácticamente
entre los postigos del imperio y mantener firme el espíritu
revolucionario y de lucha, y eso es lo que le da un doble carácter
heroico a la Revolución cubana, a sus líderes y a su pueblo."
La presencia de nuestro
Comandante en Jefe en las actividades de transmisión de mando
presidencial en Asunción todavía no se había convertido en
realidad pero era un deseo a voces.
"La
presencia de Fidel (y déjenme llamarle Fidel como a un hermano)
tiene una importancia muy grande, porque es una figura casi mítica
que ha sabido llevar todos los pasos de una Revolución muy difícil
que, como digo, está a las puertas del imperio con un coraje y un
espíritu de la civilidad y del respeto a los valores realmente
populares que son un ejemplo para América y para todo el mundo."
Al calificar el momento
actual que vive su país y acerca de las declaraciones de corte
antineoliberal hechas por el nuevo mandatario, el autor de Yo, el
supremo, expresó:
"No
solamente tenemos la esperanza sino todo el derecho del mundo a
exigir cambios que son fundamentales para nuestra vida cívica y
democrática. Espero que el señor Nicanor Duarte Frutos se haga
cargo de estos grandes problemas y del enorme deber y
responsabilidad que tiene un gobernante para conducir un proceso
arduo y difícil y que exige no solo la acción de sus líderes sino
la presencia de todo el pueblo. Sin la presencia del pueblo no hay
revolución, eso lo sabe Cuba y quisiéramos que también lo
supieran los paraguayos."
Al referirse al papel
que deben jugar los intelectuales en estos momentos convulsos que
vive el mundo, fue enfático:
"Un
rol de lucha, de no agacharse, de no acobardarse ante las
dificultades que son muy grandes. Estamos en un momento en que
todavía prima de manera absoluta el poder del más fuerte.
Nosotros, como país pobre que ha estado siempre de cierta manera
como sirviente de las grandes potencias, debemos salir de esa
servidumbre.
"La
palabra tiene un peso muy grande y es muy nociva cuando no se la usa
debidamente. El deber de la palabra justa, de la palabra exacta, de
la palabra revolucionario es muy grande y el deber de todos los
revolucionarios es hacerse cargo de esa responsabilidad."
Como colofón a esta
noche de lecciones junto a Roa Bastos, Luis Báez le regaló un
ejemplar de "Los disidentes" para que él conociera de primera mano
quiénes son estos mercenarios fabricados por la Oficina de
Intereses de EE.UU. en La Habana.
Agradeció el obsequio y
dijo que "es un documento importante para quienes amamos a la
Revolución. Será un libro de clases porque también a la
Revolución hay que estudiarla, no solamente hay que vivirla como
una ilusión, sino sentirla y que sirva como un elemento de avance".
Augusto Roa Bastos sabe
lo que son los conceptos de independencia, de soberanía, de
autodeterminación. Por saberlo y estar dispuesto a defenderlos
estuvo 66 de sus 86 años en el exilio porque los distintos
gobiernos y dictaduras que ocuparon o usurparon el poder en el
Paraguay lo consideraban peligroso, "a mí que soy el hombre más
tranquilo del mundo".
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