TEGUCIGALPA, 6 de agosto (PL).
— La influencia de las pandillas juveniles en los centros
escolares de Honduras preocupa hoy a directores y maestros, quienes
observan alarmados el incremento de ese fenómeno social.
El diario La Prensa precisa que los
grupos organizados más fuertes son las "maras"
(pandillas) Salvatrucha 13 y la 18, que hostigan, envuelven e
incluyen en sus listas de miembros a alumnos de colegios como el Vicente Cáceres, en Tegucigalpa y el
José
Trinidad Reyes, en San Pedro Sula, a 200 kilómetros al norte
de aquí.
Informes de la policía señalan que
algunos jefes de esas agrupaciones reciben clases en las aulas como
cualquier otro educando y en la mayoría de las ocasiones portan
armas blancas.
Otros reportes indican que más de
200 000 jóvenes han sido asesinados desde 1998 en este país
centroamericano plagado por la pobreza.
Organizaciones humanitarias aseveran
que gran parte de los occisos pertenecían a estos grupos juveniles
e insisten en que la mayoría de esas muertes son ejecuciones
extrajudiciales.
Según estadísticas policiales en
esta nación existen 70 500 simpatizantes de los pandilleros,
en su mayoría en edad escolar.
Los reclutan por mutuo
consentimiento, amenazas o venganza y en algunos casos recurren a la
violencia, explicaron a la prensa algunos agentes del orden.
"Aquí hay tres niños de 10
años que son orejas (informantes) de los mareros, dijo a La Prensa
Manuel Palma, director del Instituto Reinaldo Narváez,
en el capitalino sector de Las Torres.
En casi todos los centros, los
orientadores y consejeros aceptaron que el problema afecta las
instituciones, pero los maestros callan en la mayoría de los casos
durante las investigaciones.
Honduras se ha visto inmersa en los
últimos tiempos en una ola de violencia. El pasado lunes fueron
asesinados nueve miembros de una misma familia en San Pedro Sula,
víctimas —presuntamente— de una venganza.
Según datos preliminares se sospecha
que el noviazgo de una joven con un policía suscitó la ira de los
pandilleros que controlan esa zona marginal.
A la balacera sobrevivieron solo
cuatro menores que fueron sacados de debajo de los cuerpos de sus
padres.
Al sepelio de esa familia asistió el
presidente Ricardo Maduro, quien prometió aplicar justicia a los
criminales y condenó la existencia de hechos de ese tipo.