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Homenaje esta noche en La Zorra y el Cuervo
Cuatro cumbres de una cordillera
PEDRO DE LA HOZ
Entre el alfa y el omega
—Cervantes, con su indeleble marca identitaria en el siglo XIX y
Chucho Valdés entrando a todo vapor en el XXI—, las cumbres
pianísticas de la Isla han levantado una cordillera consistente
que, en el caso de la música popular de concierto (advierto el uso
de ese término a fin de ampliar las convenciones del jazz)
constituyen una sucesión.
Frank Emilio.
Es bueno evocar estos
nombres. La actualidad y la música del futuro viven en el pasado.
Démosle luz entonces primero a un nombre imprescindible, Pedro
Nolasco Jústiz Rodríguez, el mítico Peruchín (Banes, 31-1-1913 /
La Habana, 24-12-1977). Fue uno de los que de manera más temprana
entendió los vasos comunicantes entre la tradición vernácula y el
jazz, no solo mediante la excelencia de la ejecución en uno u otro
ámbito —algo muy usual en los repertorios de las orquestas de la
época— sino a base de los más jugosos intercambios
intergenéricos. Piedra angular en varias agrupaciones, desde Casino
de la Playa y la Swing Boys hasta la estelar formación de Armando
Romeu y la banda de Benny Moré, Peruchín forjó un estilo.
Más adelante
encontramos a Felipe Dulzaides (La Habana, 13-3-1917/22-1-1991).
Estamos ante el insólito caso de un músico autodidacto, de
desarrolladísima intuición y ávida memoria. Desde los tiempos en
que fundó en Matanzas el conjunto Bellamar hasta que, de vuelta en
la capital, formó una de las agrupaciones más legendarias del jazz
cubano, Felipe sentó cátedra como intérprete pródigo y seguro y,
más importante aún, como promotor de otros intérpretes que a su
vera supieron crecer y hoy forman parte de la nómina selecta de los
jazzistas de la Isla.
En el mismo plazo, Cuba
dio a Frank Emilio Flynn (La Habana 13-4-1921/23-8-2001). Tuvo la
sensibilidad de aventajarse tanto en los meandros de la música
clásica como la popular, mediante un tremendo esfuerzo de
superación dada su condición de invidente en una época sumamente
difícil en el orden social. Pero llegó a legarnos magníficas
interpretaciones de Lecuona, Cervantes y Gershwin y extraordinarias
descargas, una de ellas de su autoría, clásica por antonomasia, Mondongo,
gandinga y sandunga.
Si con esas descargas de
Frank y sus amigos el jazz latino halló una legítima carta de
ciudadanía insular, la contribución de Emiliano Salvador (Puerto
Padre, 18-8-1951 / La Habana, 22-10-1992) permitió que la espiral
de la fusión ascendiera hasta niveles insospechados. Su genio,
cultivado en tiempos del Grupo de Experimentación Sonora con el
concurso de Leo Brouwer y Federico Smith, ha sido calificado como
uno de los más brillantes en el ámbito iberoamericano
contemporáneo.
PIANÍSSIMO PLUS
Concierto homenaje a la obra y la trayectoria artística de Peruchín, Frank Emilio, Felipe Dulzaides y Emiliano Salvador. La Zorra y el Cuervo: jueves 7; 10:00 p.m. Elenco artístico: David Alfaro y la Constelación; Alexis Bosch y Pasaje Abierto. Invitados: Bobby Carcassés, Peruchín Jr., Joe Iglesias, Tata Güines, Jorge Chicoy, Pablo Menéndez y Changuito. Director artístico: Eduardo Valdés Rivero.
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