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Medio Ambiente
¿Hacemos todo lo que podemos?
Pastor
Batista Valdés
Posiblemente uno de los
temas más tratados por la prensa cubana en los últimos años sea
el relacionado con la protección del medio ambiente.
Ello deviene lógico
reflejo del empeño que pone el Estado por reducir la carga
contaminante sobre el suelo, las aguas o la atmósfera.
Proyectos como el de
reforestar, rescatar y preservar la cuenca del río Cauto (la mayor
del archipiélago) no solo involucran a un alto número de
organismos, entidades e instituciones de varias provincias, sino que
también se sustentan en la creciente participación popular, a
partir de una sólida educación y cultura al respecto.
Es innegable que en ello
hay avances. Cotidianas acciones, hechos y momentos, sin embargo,
corroboran a diario que todavía no todos hemos interiorizado en el
orden individual, familiar y social la magnitud de este asunto,
visto por muchas personas como una tarea del Estado, del Ministerio
de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, o de otras instituciones
afines. Nada más errado.
Hace unos días,
precisamente en las fértiles aguas del Cauto, un hombre lavaba
tranquilamente, a las tres de la tarde, un tractor con su remolque,
derramando de hecho restos de grasa, aceite, lubricantes, petróleo,
fango y otras impurezas.
Y si bien no es esa una
práctica generalizada, tampoco aislada. Hay choferes y operadores
de equipos que a menudo envenenan de esa forma arroyos, ríos,
embalses y otras fuentes.
Es hora de comprender
que no solo se perjudica al entorno y a la vida, con la clásica
chimenea echando humo hacia el cielo o con los residuales de
industria pudriendo terrenos y manantiales. Úlceras similares
provocamos con esa "simple" lata de aluminio (material no
biodegradable) que solemos lanzar en cualquier sitio luego de
consumir el producto; con los desperdicios que dejamos en plena
playa, con los derrames químicos y los neumáticos del auto que
estacionamos sobre las dunas de arena...
Si quienes atizan
fogatas para cocer alimentos donde mejor les parece, en playas y
actividades de campismo, tuviesen noción del daño que provocan,
con toda seguridad ocurrieran menos esos casos, como también
habría menos personas indiferentes ante el derrame, salidero y
derroche de un recurso como el agua. |