"Nadie me confunde respecto a Cuba"

Robert Torres, venezolano que se formó en la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar, es uno de los jóvenes que lidera el Plan Nacional de Alfabetización

FÉLIX LÓPEZ Y RICARDO LÓPEZ HEVIA 
(Enviados especiales)

La campaña de alfabetización en Venezuela tiene sus rostros y nombres propios. Entre los miles de jóvenes que organizan por estos días la Misión Robinson, están los que unos meses atrás se formaron en la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar, y hoy participan activamente de ese gran laboratorio de cambios que es la patria de Bolívar.

A la izquierda, Robert Torres 
conversa con Fausto Castillo, 
otro de los jóvenes que se formó 
como Trabajador Social en Cuba.

Encontrarlos acá, enorgullece a cualquier compatriota latinoamericano. Robert Torres Palomas, integrante del Comando Nacional de Alfabetización y asesor político del Presidente del Instituto Nacional de la Juventud, anuncia con orgullo que "es un trabajador social de los de Cojímar". Y asegura que ya nadie puede confundirlo respecto a Cuba.

Su historia es la de una nación de contrastes y exclusión social. Nació en un barrio pobre de Caracas y desde niño se interesó por la historia de Bolívar. Un hermano mayor que militó en la izquierda en los años en que gobernó la derecha más reaccionaria, marcó su camino revolucionario. Con esfuerzos, y curtido por las protestas en el Liceo, Robert llegó a la Universidad Central de Venezuela.

Allí, bien metido en la piel del pueblo, encabezó la lucha desde la Facultad de Ingeniería para democratizar la universidad. Las sísmicas protestas de los estudiantes terminaron en la toma del principal centro de la Educación Superior en el país, con la exigencia fundamental de que los sistemas de ingresos dejaran de estar en manos de los pillos que privilegian a familiares y amigos. Los 36 días de protesta terminaron con la expulsión de 18 estudiantes, entre los que se encontraba Robert.

De estas mismas calles salió el
 joven de esta historia. A ellas
 regresa con una mirada diferente.

"Aquella injusticia, dice, trajo un impacto en la familia, pero en lo personal me llevó a reflexiones medulares: ¿de qué sirve estar en una universidad que no responde a las necesidades del país? ¿De qué sirve graduar profesionales que van a responder a los intereses de las trasnacionales? Para nosotros, los expulsados, no quedó otra alternativa que la lucha social y la convicción de ayudar a nuestros compatriotas."

Por aquellos días, amigos de la Revolución lo llamaron a trabajar en un plan de economía social en la alcaldía del municipio Libertador; y allí llegó la posibilidad de asistir a un curso de Trabajador Social en La Habana: "En lo personal, asegura, me permitió desarrollar habilidades ya practicadas de manera empírica en la lucha estudiantil y en los barrios. Pero qué maravilla cuando descubrimos que Cuba había desarrollado un método, sobre cómo trabajar en masa, cómo hacerlo en las comunidades, desglosar el trabajo y repartir las actividades".

"Esas experiencias, confiesa, las escuché por otros, pero nunca las había vivido con la intensidad de aquellos dos meses en La Habana. Me permitió, además, develar muchas mentiras. Ahora no digo que me contaron, yo lo viví... Escuchar a la oposición decir que la Misión Robinson es una forma de cubanizar a la educación, es una grosería que indigna. Ojalá algún día nuestro país logre lo que ustedes desarrollaron en 40 años."

—¿Y por qué crees que le temen tanto a la alfabetización del pueblo?

"Buscan una chispa que le prenda la llama de la maldad. Perdieron su poder de convocatoria. La única vía potencial que les queda para avivar sus divididas fuerzas es atacando a la alfabetización y la ayuda cubana. Históricamente los medios han hecho ver que Fidel es un dictador, que la Revolución cubana coarta libertades y posibilidades. Saben que cuando la gente entra en contacto con un médico o un maestro cubano, y descubre su humanismo y su ética, ahí mismo se desmorona la mentira.

"Cuándo alguien me habla de cubanización, yo lo invito a una reflexión: si alguien quiere un buen profesor de fútbol mira a Brasil; si es uno de béisbol puede ser cubano, dominicano o puertorriqueño; uno de informática lo buscaría en Japón o la India. Pero quién ha luchado más en este mundo por tener un pueblo culto, y ha combatido el flagelo del analfabetismo de manera frontal y continúa. ¿Quién mejor que Cuba para servir de modelo en materia de educación?

"Lo que está ocurriendo hoy con los medios, sentencia Robert, nos da una lección que no podemos perder de vista. Hay que mejorar la cultura de la gente, para que la ignorancia no se convierta en cómplice de las campañas enemigas. Que ellos se dediquen a hacer la guerra sucia, nosotros haremos la Revolución."

 

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