Teresita Junco, pedagoga y pianista

La más oscura y luminosa entrega del mundo

PEDRO DE LA HOZ

A ella, desde luego, le gusta sentir los aplausos mientras se inclina, en muestra de gratitud, al borde del proscenio. O mejor aún, los rostros de las personas que al término de un recital o un concierto evidencian haberse enriquecido con una interpretación suya. Nada de esto es, sin embargo, comparable con la certeza de compartir el éxito del otro, dicho con mayor propiedad, de esos otros cercanos y entrañables que ha ayudado a crecer por años frente al teclado, en el diario desafío de descifrar la posición de una mano, la articulación de los dedos, el dominio de los pedales, la quintaesencia de un estilo, los secretos de una partitura.

De ahí que a Teresita Junco, oficiante de la más oscura y luminosa entrega del mundo, la docencia, le venga ajustado en toda su grandeza el título de Maestra.

Reconocida como una de las piezas fundamentales de la actual escuela cubana de piano, profesora titular y fundadora de esa especialidad en el Instituto Superior de Arte, el tiempo y la constancia han sido aliadas en el ejercicio de hacer madurar el innegable talento de sus mejores alumnos.

Un indicador de esos resultados —no el único, por supuesto— se halla en la cantidad de discípulos premiados en certámenes nacionales e internacionales. En el plano doméstico, cada vez que en el concurso Amadeo Roldán se han anunciado, a lo largo de más de dos décadas, entre los triunfadores a Ofelia Montalván, Inda Rodríguez, Ileana Peña, Elsa Hermida, Ángel Díaz, Verónica Romero, Ana Laura Gómez, Celia Claudia Cámbara, Gabriel Urgell, Patricio Malcolm, Yunichi Acosta, Marcos Madrigal, Harold López-Nussa..., ha subido al podio, desde la sombra, Teresita Junco.

También se ha sentido premiada con los lauros cosechados por sus alumnos en los concursos internacionales María Canals, de España (Elizabeth Caro), Gina Bacauer, de Estados Unidos (Alexis Feo), Cittá di Marsala, de Italia (Sandra Fonte, Urgell, Celia Claudia), Andorra (Sandra), Barcelona, de España (Ivet Frontela), Teresa Carreño, de Venezuela (Sergio Rodríguez) y María Clara Cullel, de Costa Rica (Leonardo Gell).

Tan importante como el trabajo directo con los alumnos, ha sido su contribución al perfeccionamiento de la literatura pedagógica y la metodología de la enseñanza del piano a escala nacional. De ello también se han beneficiado las escuelas de música de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto de Cultura y Arte de Santo Domingo.

Curiosamente, Teresita nunca le ha dado clases a su hijo Aldito, actualmente alumno eminente en un conservatorio londinense. Sin embargo, su compañero y padre del joven pianista, el director de orquesta y compositor Guido López Gavilán, advirtió a este cronista: "No creas, algo siempre se pega...".

Si fijamos la atención en la carrera pedagógica de Teresita, no solo lo hacemos a propósito de la excepcional cita con sus alumnos laureados en el Cervantes 2003 —hoy a las 6:00 p.m. en la Basílica junto a Madrigal, Malcolm y Urgell— y su inminente comparecencia con la Sinfónica Nacional —el domingo, a las 6:00 p.m., en el Amadeo Roldán, con el Concierto para dos pianos, de Mozart, en compañía de Urgell—, sino por ser ella representante de un sistema docente excepcional en países del Tercer Mundo y, en el plano particular, por asumir la herencia familiar: su padre, Juan Jorge Junco, siempre será recordado como el gran maestro cubano del clarinete.

 

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