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Afro Cuban All Star, modelo de excelencia
Omar
Vázquez
Fenómeno
emparentado con Buenavista Social Club, por sus gestores,
especialmente la labor promotora y adelantada de Juan de Marcos
González y muchos de sus integrantes, Afro Cuban All Star ha
ayudado también al reflujo internacional de nuestra música, por lo
que no se puede soslayar la presentación de Juan de Marcos en
concierto.
Juan de Marcos González
estuvo en el Amadeo Roldán ("teatro que tanto significa para
nuestra cultura", subrayó), al frente de una orquesta, con la
que se acaba de presentar en 25 teatros de Estados Unidos, integrada
por músicos más jóvenes que los de la primera versión.
Es necesario acuñar el
término excelencia cuando un concierto se abre con una banda como
esta y culmina interpretando María Caracoles, de Pedro
Izquierdo (Pello), en creativa descarga, buena muestra de la
dignidad a la que la escena nacional ha accedido; subrayada en La
contradanza de H, que Juan de Marcos le dedicara al juvenil
violinista Luis H. Lanz, quien puso de manifiesto su virtuosismo en
los solos.
Los del Afro Cuban
mostraron la pulcritud y el acierto con los que se mueven en los
territorios del son, el jazz y nuestra música contemporánea
caracterizada por una fusión en la que todo lo que pueda parecer —y
es— actual está dado por las armonizaciones que utiliza Juan de
Marcos, por las combinaciones entre la percusión, los metales y el
resto de los instrumentos.
Un reconocimiento
debería empezar por Gabriel Alfaro —pianista—, Julito Padrón —trompeta—,
Raúl Gutiérrez —saxofón—, Antonín Paella —trombón— y
otros excelentes músicos, que seguramente no cayeron del cielo,
pero que bien pudieran conducirnos a él. Provienen de una acertada
selección de Juan de Marcos, quien también propició la presencia
de un percusionista de gran velocidad y sustantivo como el juvenil
Abdel.
Vocalmente todo marchó
bien desde el comienzo, cuando Ibrahim Ferrer y Mazacote Carrillo
interpretaron Canallón, de Arsenio Rodríguez (a los que se
unió el tresero José A. Castañeda —Maracaibo—), abriéndole
el camino a Luis Frank Águila, poseedor de una voz de estirpe
sonera más grave y convincente como pocas, dándoles un toque
inconfundible a temas como El carretero, de Guillermo
Portabales. También contó Pedrito Calvo, quien prefirió abrir
trovadorescamente con En el sendero de mi vida, de Oscar
Hernández, para cerrar a su manera guapachosa con Píntate los
labios, María, de Ramón Castro y Roberto Faz.
Hubo otros momentos
hermosos, como la interpretación de Griseria a las 5 de la
mañana, un adelantado danzón que Juan de Marcos le dedicó a
su compañera por 27 años, soporte en sus proyectos, al que se
unieron sus hijas, estudiantes de música; lo que contribuyó al
exitoso saldo final.
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