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Trabajo comunitario
Guanábana, solo el comienzo
MARÍA JULIA MAYORAL
Al pie de la Carretera
Central, a unos siete kilómetros de la ciudad de Matanzas, está
Guanábana, un poblado rural con más de 3 300 habitantes. Allí
sucede lo nunca antes logrado.
Recreación sana, un propósito que gana espacios.
Sin esperar al reciente
primer proceso de rendición de cuenta a los electores, los cinco
delegados empezaron los talleres de barrio. Reunirse en cada
demarcación, por separado, con jóvenes estudiantes, mujeres,
adultos ocupados laboralmente, jubilados, trabajadores menores de 30
años de edad y dirigentes de las organizaciones de masas, les
daría la primera fotografía de cómo la comunidad se ve a sí
misma, pondría en blanco y negro necesidades y aspiraciones
específicas y crearía las bases para organizar a los vecinos.
Con el auxilio de Jesús
López, un profesor de la Universidad de Matanzas que vive aquí,
hicimos el diagnóstico, cuenta Vidal Miró García, presidente del
Consejo Popular. El estudio, precisa, nos permitió identificar un
grupo de 60 problemas en cuestiones como educación, transporte,
cultura, alimentación, práctica del deporte, vivienda, salud,
situación medioambiental, disciplina social, servicios y recursos
hidráulicos.
Por voluntad propia,
muchas de esas personas que dieron opiniones en los talleres,
accedieron después a participar en otra propuesta del Consejo
Popular: trabajar en comisiones; pues hecha la investigación, era
preciso darle continuidad entre todos, sostiene el licenciado en
Derecho y delegado de la circunscripción 92, Jorge Rodríguez.
Con integrantes de las
11 comisiones, añade Miró, organizamos luego una discusión
conjunta acerca de las inquietudes expresadas en las
circunscripciones, y como resultado elaboramos un plan de tareas.
Para no perdernos dentro de ese mar de inquietudes, las separamos en
tres grandes bloques: las que estábamos resolviendo, las posibles
de enfrentar dentro de la comunidad y las que precisan la
intervención de las administraciones, recursos materiales y
decisiones de la Asamblea Municipal.
Elsa María Caballero,
instructora de arte de la Casa de la Cultura Bonifacio Byrne, de
Matanzas, es una de las vecinas decididas a cooperar. Asumió el
compromiso de encabezar la Comisión de Cultura del Consejo Popular.
Según cuenta, lo novedoso radica en que por primera vez los
delegados de Guanábana han salido del convencionalismo de reunirse
solo con los dirigentes de las organizaciones de masas, los llamados
factores del barrio, a la hora de coordinar el trabajo cotidiano e
identificar los problemas.
Somos más personas las
que tenemos tareas concretas de Gobierno, así lo considera otra
residente en la localidad, Briseida Blanco, profesora en la Facultad
de Informática de la Universidad de Matanzas.
Entre las necesidades
expresadas en los talleres, aparecen anhelos difíciles de lograr,
como el de contar con una Secundaria Básica, pues al poblado entra
una sola guagua y los muchachos de aquí, aproximadamente unos 150,
afrontan muchas dificultades para llegar a la escuela ubicada en
Matanzas.
Por ejemplo, destaca, la
Primaria de Guanábana abrió sus puertas a la comunidad deseosa de
aprender Computación; recién iniciamos un curso básico de Windows
y desde antes —también a petición de los vecinos—, se dio la
posibilidad de tiempo de máquina para los interesados.
Como respuesta a las
preocupaciones planteadas en los talleres, eliminaron la venta de
bebidas alcohólicas en las fiestas juveniles, decidieron
regularizar las opciones recreativas con música grabada, celebrar
cada año la Jornada de la Cultura en Guanábana e iniciar en la
escuela primaria la labor educativa con niños y padres para
promover el rechazo al consumo excesivo de alcohol. Nada de eso,
comenta el delegado Norge Zaldívar, necesita apoyo externo, depende
únicamente de nuestra voluntad.
A esa vocación por
hacer se suman los planes para echar a andar las competencias de
ajedrez y dominó, mejorar el cuidado del medio ambiente y la
atención a los círculos de abuelos, crear un grupo de teatro
formado por jóvenes, combatir efectivamente la venta ilegal de
bebidas, ofrecer clases de ejercicios aeróbicos a los muchachos
interesados, preparar coreografías mediante tablas gimnásticas y
hacer conciencia entre las mujeres sobre la importancia de las
pruebas citológicas.
Entre los incorporados
está también el pastor de la Iglesia de Dios y licenciado en
Teología, Roberto Moreno, quien después de ayudar a eliminar el
vertedero de basura frente a su templo, se propone seguir como
activo integrante de la Comisión de Medio Ambiente del Consejo
Popular.
Nada ha quedado en el
aire. Cada asunto tiene definido su objetivo, su meta, las acciones
por realizar precisadas en el tiempo, los participantes y los
responsables. Incluso, las transformaciones materiales que no
podrán emprenderse sin el respaldo del Gobierno y su inclusión en
venideros planes anuales del municipio, tienen definido cómo la
comunidad podrá contribuir. El diagnóstico sirve del mismo modo
para poner en claro deficiencias de las unidades de servicio y
productivas, así como del Consejo de la Administración y la
Asamblea del territorio, de los cuales el poblado espera y exigirá
desempeños más eficientes.
Aunque no todos los
habitantes respondieron por igual a la convocatoria de diálogo y
muchos todavía se mantienen indiferentes o pasivos, lo hecho hasta
ahora por los cinco delegados de Guanábana, en apenas seis meses,
puede ser un buen punto de partida. Concretar todo lo planeado
requerirá mucho más de dos años y medio, el tiempo que durará el
mandato recibido en las urnas. Pero aun dentro de ese plazo,
¿podrán consolidar la gestión comunitaria o se quedarán en el
intento?; ¿hasta qué punto sabrán sortear las barreras de lo
material y del comportamiento humano? Las respuestas las dará la
vida. |