La vocación naturalista de la
provincia pinareña, denominada la Catedral Natural de Cuba, está
sustentada en los valores ecológicos de zonas como Mil Cumbres, una
de las 36 áreas protegidas del territorio.
Enclavada en el extremo nororiental
de la Sierra del Rosario, reserva mundial de la biosfera,
constituye, por sus elevados valores naturales y paisajísticos, un
sitio ideal para la práctica del ecoturismo en sus 17 300
hectáreas, más de la mitad cubiertas de bosques.
Sobresale la riqueza de su flora,
pues la mayor parte de los grupos de plantas que habitan el lugar
son endémicas locales y el 20 por ciento del país.
Descuella entre ellas la palma
corcho, considerada un fósil viviente, que resistió las
transformaciones ocurridas en el archipiélago cubano durante varias
eras geológicas; existió mucho antes de que el hombre poblara la
tierra y de que los continentes y mares adquirieran su configuración
actual.
Paraje codiciado por los
científicos, en sus predios está representado el 89 por ciento de
las especies maderables de la arboricultura cubana y es donde mejor
conservado está el caubal en Cuba, acompañado por el ébano
carbonero y el nogal del país, entre otros ejemplares.
Mil Cumbres atesora 134 especies de
la fauna, algunas en peligro de extinción, y resulta común
encontrar en sus bosques búfalos de agua, cotorras, pájaros
carpinteros y el tocororo, ave nacional.
Completa ese paraíso el Pan de
Guajaibón, mayor elevación del occidente cubano con 692 metros
sobre el nivel del mar, donde crecen musgos, líquenes y helechos,
los cuales propician un verdor húmedo, solo comparable con las
montañas de la Sierra Maestra. (AIN)