
El 19 de junio de 1953, hace ahora 50
años, en el libro de la cámara de ejecuciones de la prisión Sing
Sing, en los Estados Unidos, fueron asentados los nombres de los
esposos Rosemberg: Julius, con el número 567, y Ethel, con el 568.
En Nueva York el FBI había preparado
"un escarmiento" a la izquierda, y el blanco fue ese
matrimonio por el único delito de ambos ser comunistas y dedicar
sus vidas a la conquista de la justicia y la dignidad.
Las acusaciones de haber vendido
secretos sobre la bomba atómica de su país a la Unión Soviética,
resultaron una falsedad fabricada, lo que se demostró recientemente
cuando la Asociación Americana de Abogados reconstruyó el juicio y
dictaminó que eran INOCENTES.
EL
DÍA DE LA EJECUCIÓN DE LOS ROSEMBERG, 19 DE JUNIO DE 1953, LOS
MANIFESTANTES MARCHARON FRENTE A LA CASA BLANCA.
Desde 1947 a una parte importante de
la población estadounidense se le inoculaba el veneno letal del
anticomunismo. Eran los años de la guerra fría y se padecía un
estado de alarma, en el que el gobierno norteamericano inventó la
idea de un posible ataque atómico de la entonces URSS a esa ciudad
estadounidense.
No obstante, la clemencia solicitada
por el Papa Pío XII, las protestas y el llamado de países de los
cinco continentes y de muchos gobernantes, fueron cegadas las vidas
de Ethel, de 38 años de edad, y de Julius, con 35.
La historia recoge como precedentes
inéditos que por primera vez en ese país norteño se ejecutara en
tiempo de paz a espías, quienes, además, conformaban un matrimonio
y resultaron electrocutados en la silla eléctrica de la citada
prisión.
Los verdugos tuvieron en cuenta hasta
el detalle de adelantar la hora del "ajusticiamiento",
para antes de la puesta del sol de aquel fatídico viernes, cuando
daba comienzo al sábado de los judíos.
El temor del crimen asustaba a sus
promotores cuando se conoció la ratificación de la sentencia. Se
tomaron precauciones en aras de impedir manifestaciones en las vías
aledañas a la penitenciaría, en torno a la cual se levantaron
barricadas.
Los padres de Michael y Robert
Rosemberg, de 10 y seis años de edad, habían sido asesinados, no
sin antes dejarle un mensaje a Eisenhower: "La gran democracia,
los EE.UU., se propone destruir ferozmente a una familia hebrea que
no ha delinquido y cuya culpabilidad es motivo de serias dudas en
los confines del mundo civilizado".
A 50 años del horrendo e injusto
castigo, la humanidad sigue estremecida y preocupada de que la
actual administración norteamericana, con su política hegemónica
y nazifascista siga ejecutando seres humanos inocentes, bajo el
pretexto de que combate el terrorismo.
En fin, la causa de los esposos
Rosemberg sigue siendo una alerta para los pueblos, cuando cientos
de inocentes ejecutados en cárceles de esa nación en estas
décadas, o en espera de ser sentenciados en la silla eléctrica,
claman también justicia. (AIN)