Máximo, el amargo

"...Habrá guerras... Hay que prepararse", fueron las últimas palabras premonitorias de Gorki, el universal intelectual a quien el poeta cubano Navarro Luna definió como "pueblo y solo pueblo"

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Por su verdadero nombre, Alexis Maximovich Piechkóv, pocos reconocerán al fundador de la literatura proletaria, aquel hombre todo pasión, volcán y lealtad que se llamó a sí mismo, Máximo Gorki. Traducido sería: Máximo, el amargo, y quizás fuera su intención ajustar la denominación a una vida difícil, borrascosa y esencialmente errante, cuyas secuelas quedarían en su espíritu para siempre.

Vehemente antifascista, antirracista y promotor del movimiento mundial por la paz, sus últimas palabras antes de morir el 18 de junio de 1936 serían un alerta a la humanidad: "...Habrá guerras... Hay que prepararse", en un desesperado intento por continuar previniendo a los hombres de ese mundo donde "actúan dos odios; el odio de los capitalistas que compiten unos con otros, y el odio del proletariado, que surge de la repugnancia a la realidad burguesa".

Se le considera hijo del siglo, más allá de afectos telúricos que lo individualicen en la Rusia natal. Y ha de ser así, pues en su prolífica obra —autobiográfica en gran parte—, dejó el vasto saber de su experiencia en cuentos, novelas, poemas, ensayos y artículos, y al mundo pertenecen los relatos de dimensión humana que aparecen en La madre, Días de infancia, Mis universidades, Los vagabundos y Cuentos de Italia, hilvanados con lenguaje sencillo y directo, como quien desecha la fruslería. Hasta su muerte, demostró ser un escritor de alta sensibilidad y fidelidad para con su pueblo y consideró un deber cerrar filas al lado de la humanidad progresista y del proletariado revolucionario. Expresión de su época, a Máximo Gorki, promotor de un mundo nuevo, lo definiría el poeta cubano Manuel Navarro Luna como "pueblo y solo pueblo".

 

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