Sus
contemporáneos le tenían como "escritor de prosa fácil,
enérgica, hiriente, que sabía mortificar a los opresores de su
clase aherrojada"; y también reconocieron al "inspirado y
tierno poeta de sentimientos elevados, que tuvo la satisfacción y
el orgullo del rebelde".
Flor Crombet, en una misiva a José Martí, decía al Apóstol de
la independencia cubana: "Tengo el placer de presentar a usted
a mi buen amigo Carlos Baliño, caballero distinguido que hace mucho
tiempo viene siendo su admirador. Le incluyo una tarjeta de él,
única muestra de cariño que hoy puede dar de usted".
Ensayista, periodista, poeta y traductor, fue ese hombre noble,
de oratoria serena y convincente, quien dejó a los cubanos su
ejemplo de revolucionario inclaudicable y, también, una obra
literaria y poética comprometida con el proletariado.
En los adversos días del exilio norteamericano, adonde llegó
por su labor conspirativa contra España, organizó clubes,
promovió gremios y huelgas, y fundó periódicos con impulso
indomable. Tanto es así, que Néstor Carbonell al evocar su imagen
en la emigración, anota: "Jamás se le vio flaquear ni exhalar
una queja, ni mostrarse cansado en la tarea callada de ir tejiendo
el alma de la Patria, centavo a centavo y pecho a pecho. Porque él
fue uno de los tejedores".
Antes de firmar junto con José Martí el acta de constitución
del Partido Revolucionario Cubano, ya Carlos Baliño López había
expresado su simpatía por el ideal marxista, y fueron esos
principios los que llevaron al precursor del socialismo en nuestro
país a fundar, muchos años después y con Julio Antonio Mella, el
Primer Partido Comunista de Cuba.
En una oportunidad expresó: "No hay para el obrero otro
modo de salvarse aisladamente; no mejorará su condición, sino
cuando mejore la de todos; no se emancipará, sino cuando se
emancipen todos".
"Pluma y lengua de oro" le llamó Martí, quien no
dudó en afirmar: "Es un cubano que padece con alma hermosa por
las penas de la humanidad, y solo podría pecar por la impaciencia
de redimirlas". Raúl Roa lo definió como el primer
intelectual orgánico del proletariado; y Fidel Castro lo catalogó
como el enlace directo entre el Partido Revolucionario Cubano y el
Primer Partido Comunista de Cuba.
El hombre fundacional, de proverbial modestia, humilde y
generoso, que abrazó las causas de Martí y de Mella con la pasión
de los primigenios, ya muy enfermo fue condenado a prisión por su
actividad política. Carlos Baliño López no sobrevivió, y con la
dignidad de los buenos, murió el 18 de junio de 1926, la víspera
de su encarcelamiento, en La Habana. Mucho antes había dicho:
"Bueno es amar a la Patria, pero mejor es amar a los hombres;
bueno es amar a la Patria, pero mejor es amar a la libertad y a la
justicia".