La defensa de uno mismo

Hoy, cuando existe el peligro real y creciente de que se acuñe una monocultura universal, los cubanos están en la primera línea por la defensa de lo autóctono y a la vez de la más amplia y valiosa diversidad

NÉSTOR NÚÑEZ (*)
Especial para la AIN

Los esfuerzos cubanos por labrar un horizonte cultural a todos sus ciudadanos no constituyen un acto de filantropía, ni mucho menos una campaña de efectos propagandísticos.

Se trata, amén de un deber, de un asunto de supervivencia nacional; de elevada estrategia.

Hace unos días, intelectuales de numerosas naciones reunidos en La Habana indicaban la urgencia de salvaguardar la cultura propia en un mundo donde la potencia hegemónica intenta sembrar sus patrones como los únicos valederos.

Y es que la batalla por la independencia y la autodeterminación no pasa hoy solo por el terreno militar o diplomático.

Implica una preparación cultural generalizada que impida la inoculación impune de los estereotipos y deformaciones con las que el enemigo quiere suplantar las raíces nacionales y convertir en dóciles seguidores a centenares de millones de personas en el planeta.

No se trata de la negación de la verdadera cultura norteamericana, de los valores éticos, artísticos y morales de ese pueblo.

La lucha es contra las visiones maniqueas y deformantes que los grandes monopolios empotran incluso entre sus nacionales, y que por lo general atentan contra lo mejor del ser humano.

También esta batalla se halla limpia de chovinismos. La cultura tiene el signo esencial de cada colectivo humano, y de la misma forma que se proclaman el reconocimiento y el respeto al hombre, también lo merece su obra creadora en todos los sentidos.

Cuba reconoce los valores culturales ajenos, y resalta aquellos que nos sirvieron de base común a todos los humanos en el devenir de la historia como especie. A la vez, cuida y cultiva los suyos.

Hoy, cuando existe el peligro real y creciente de que se acuñe una monocultura universal, los cubanos están en la primera línea por la defensa de lo autóctono y a la vez de la más amplia y valiosa diversidad.

(*) El autor es colaborador de la AIN

 

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