Multitudinaria lección de Cuba a gobiernos 
de España e Italia

Capitalinos y habaneros, en representación de toda Cuba, rechazaron los intentos de convertir a las misiones diplomáticas europeas en nidos y centros de subversión al servicio de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana y de la contrarrevolución interna financiada por Washington

Más de un millón de habaneros, junto a Fidel y Raúl, dieron hoy una multitudinaria lección moral a los gobiernos de España e Italia, principales promotores de las medidas punitivas de la Unión Europea (UE) contra Cuba.

La capital no durmió, indignada por la bochornosa y traicionera forma con que la Europa comunitaria se sumó a la genocida política hostil de aislamiento y bloqueo de Washington a la Mayor de las Antillas, que no está dispuesta a ceder un átomo de su independencia y soberanía.

Como en otros cruciales momentos de duro enfrentamiento al imperialismo norteamericano, el Comandante en Jefe Fidel Castro y el General de Ejército Raúl Castro encabezaron, respectivamente, las manifestaciones frente a las Embajadas española e italiana en esta capital, que se extendieron por espacio de casi tres horas.

Capitalinos y habaneros, en representación de toda Cuba, rechazaron los intentos de convertir a las misiones diplomáticas europeas en nidos y centros de subversión al servicio de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana y de la contrarrevolución interna financiada por Washington.

Las movilizaciones condenaron el servilismo al Imperio, del presidente del Gobierno español, José María Aznar, y del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi; el primero con serios problemas de complejos y egos mal encaminados; y el segundo, con un escandaloso expediente en los tribunales de su país.

"Aznar marioneta, a Cuba se respeta", "Berlusconi, fascista, Cuba socialista", "Abajo el fascismo y el injerencismo, a Cuba se respeta" fueron algunas de las consignas que miles de gargantas gritaron indignadas frente las representaciones española e italiana.

Artistas y otros intelectuales, pioneros, estudiantes, obreros, campesinos, militares y dirigentes de la Revolución, como nuevos mambises, se pusieron en pie para defender la dignidad nacional y decir NO a los intentos del presidente George W. Bush de imponer al mundo una dictadura nazifascista.

El pueblo cubano rechazó en estas memorables marchas las lecciones de democracia devaluada que pretende dar a la Isla esa Europa comunitaria venida a menos, humillada por la superpotencia norteamericana, viciada por la doble moral, llena de hipocresía y un eurocentrismo inútil.

Se ratificó que la nación antillana no puede ser usada como moneda de cambio en las relaciones entre Estados Unidos y el Viejo continente, sencillamente porque 11 millones de cubanos no lo permitirán.

También se ratificaron los sentimientos de solidaridad y amistad cultivados en la Ínsula caribeña hacia los pueblos de esa parte del planeta, con cuyos gobiernos se espera reforzar algún día, de forma honrosa y digna, los más fraternales y sinceros lazos.

Esa realidad se captó en las palabras de dos turistas españoles, quienes se declararon impresionados por la capacidad movilizativa del pueblo cubano, y repudiaron el proceder de Aznar, "pues no podemos tirarles piedras a nuestros propios hermanos", afirmaron.

 

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