Voces agudas de pequeños que saben
decir cosas grandes; desfile incontenible de personas tan alegres y
sencillas como firmes, dignas y patrióticas; millares de gargantas
que se aunaron en consignas tan sonoras como espontáneas; todo eso
y más ha sido esta mañana la capital de Cuba.
Como para mostrar al mundo que esta
pequeña Isla caribeña no pierde un segundo su capacidad de innovar
cuando de mostrar su dignidad se trata, en esta ocasión circularon
por las calles habaneras no una, sino dos gigantes marchas del
pueblo combatiente.
Este miércoles, la reportera de CNN
en La Habana informaba para su televisora que los cubanos se
preparaban para realizar este jueves dos marchas.
"Los habaneros desfilarán esta
vez frente a las embajadas de España e Italia, una fórmula que
hasta ahora estuvo sólo reservada para protestar frente a la
Sección de Intereses de Estados Unidos", reportaba la colega.
Es que los cubanos han debido
acostumbrarse en 44 años de una legítima e irreversible
independencia a que el precio de preservarla pasa no sólo por la
dignidad.
Otro costo que muy frecuentemente ha
debido pagar el pueblo cubano, a golpes de coraje y verdad, es el de
la ignorancia de sus enemigos y de no pocos amigos, o simplemente de
visitantes desinformados; no entienden nuestras reacciones.
No pueden comprender que de la
libertad y soberanía conquistadas, de la justicia social obtenida,
de la dignidad construida, de la Patria para siempre edificada, nace
la capacidad de los cubanos para levantarse, organizarse y batallar
en más de un frente y en cuantos sean necesarios.
Si no se conocen tales verdades, no
puede comprenderse por qué más de un millón de ciudadanos pueden
movilizarse en solo una noche.
No podrán entender nunca que si en
1980 fue en repudio a los lumpens y otras lacras refugiados en la
Embajada del Perú, si dos décadas más tarde fue por el rescate de
Elián y por otras causas justas y hoy lo es por traicioneras y
oportunistas sanciones de la Unión Europea, mañana los cubanos nos
podemos manifestar a favor de cualquiera que sufra en cualquier
parte del mundo.
No podrán darse cuenta de que este
pueblo podrá siempre movilizarse tanto, cuando y cuanto sea preciso
no ya solo en ejercicio de su sagrado derecho a defenderse, sino
siempre contra la injusticia, dondequiera que ésta se produzca. (AIN)