Al cumplirse este 29 de mayo el
aniversario 92 del natalicio de Lázaro Peña González, a la mente
de los trabajadores cubanos retornan escenas de la vida y obra del
gran líder de la clase obrera, defensor de los derechos
inalienables de quienes cada día crean las riquezas de la Patria
con el sudor de su frente.
Un día como ese de 1911 Lázaro
abrió sus ojos a un mundo de injusticia. Su niñez, como la de todo
pobre y negro en esa época, fue triste.
Hijo de albañil y despalilladora,
huérfano a edad temprana de padre, tuvo que abandonar la escuela
solo con el segundo grado de escolaridad y salir en busca de un
oficio.
Fue aprendiz de herrero, carpintero,
albañil y tabaquero. En esa última actividad se desempeñó en la
fábrica de tabacos El Crédito, donde alcanzó la categoría de
operario cuando contaba 15 años de edad.
Lector de galera en esa misma planta,
desarrolló su hábito de lectura y pasión por los libros, base de
su cultura autodidacta. Al tomar conciencia del régimen opresor de
Gerardo Machado, organiza protestas y por ello es expulsado del
centro.
Sus dotes naturales de cuadro
sindical, cualidades de organizador y capacidad de orador preciso y
convincente, lo convirtieron desde los primeros instantes en un
líder de la clase obrera.
Durante la huelga general que
derrocó al tirano Machado en 1933, se destacó entre los primeros
dirigiendo importantes acciones revolucionarias en fábricas,
talleres, rutas de ómnibus y tranvías.
Con posterioridad se desempeñó como
torcedor en la Fábrica de Tabacos Por Larrañaga y en 1934 lo
eligieron secretario general del Sindicato de Tabaqueros de La
Habana.
Los sentimientos de solidaridad
internacionalista igualmente estuvieron presentes en la actividad
sindical de Lázaro Peña.
Ejemplo de ello fue que el Comité
Ejecutivo de la organización obrera que dirigía, emitió una
declaración publicada en el periódico Hoy, el 23 de junio de 1943,
en la cual se consideraba que la invasión a la Unión Soviética
por el nazifascismo alemán equivalía al surgimiento de una nueva
guerra de carácter imperialista.
En 1961 la Central de Trabajadores de
Cuba (Revolucionaria) surgió con pujante fuerza renovadora,
sustituyendo a la anterior CTC, y en 1966 Lázaro es elegido su
secretario general.
Desde ese cargo luchó por la
creación de sindicatos nacionales estructurados por sectores y la
incorporación de los trabajadores a la educación de adultos, así
como también por la movilización al corte voluntario de caña y
otras labores de apoyo a la Revolución.
Igualmente exhortó a los obreros a
vestir el glorioso uniforme de las Milicias Nacionales
Revolucionarias, que él mismo se honraba en usar habitualmente.
En su fecunda vida de luchador
incansable por los derechos sindicales de la clase obrera, el
inmenso Lázaro combatió no solo a favor de los trabajadores
cubanos, sino que se destacó, asimismo, en la arena internacional.
Integró el Congreso Fundacional de
la Federación Sindical Mundial, en Londres, en 1945, y formó parte
luego de su Secretariado.
No obstante la gravedad de la
enfermedad que lo aquejaba, laboró incansablemente en los
preparativos del XIII Congreso de la CTC. Falleció el 11 de marzo
de 1974, poco tiempo después de la celebración de esa magna cita. (AIN)