Carlos Varela, veinte años escuchándolo

GUILLE VILAR

El pasado sábado en el teatro Karl Marx las más de cinco mil personas allí reunidas, celebramos la fiesta de cumpleaños del trovador de baja estatura que nació al arte hace dos décadas. Con el apoyo de un soberbio diseño de luces, un excelente sistema de sonido y músicos de la categoría de Equis Alfonso en los teclados, Néstor del Prado al bajo, David Suárez en la batería y Amed Medina como guitarrista y director musical, Carlos Varela nos entregó un memorable concierto con más de dos horas de duración que a muchos nos pareció corto por la eficacia en el funcionamiento de los resortes propios del espectáculo.

Fue ocasión propicia para la presentación del CD 7, su último trabajo discográfico, editado por el sello Unicornio de los Estudios Abdala. Si bien es cierto que prácticamente interpretó casi todos los temas del citado disco, hubo espacio para otros que aparecen en Como los peces y Nubes, temas coreados por un público alegre de poder compartir de nuevo con el querido trovador las emociones del concierto.

Entre las resonancias de paradigmas de nuestra cultura como Miguel Matamoros, Silvio Rodríguez, Tomás Gutiérrez Alea y Juan Formell con Los Van Van, Carlos nos llevó de la mano en su recorrido por la urbe capitalina para encontrarnos con nuestras vidas cotidianas. Si en un momento, la inolvidable Haydée Santamaría enfatizó en la necesidad "no solo de una canción comprometida sino también que nos comprometa" por los ineludibles lazos entre el artista y la sociedad, Carlos asume la esencia del medular planteamiento. Basta recrearnos en la profunda cubanía de Memorias, obra que refleja el orgullo de generaciones marcadas por el estoicismo en la lucha para salir de todo tipo de dificultades.

"¿De qué vive el artista sino de los sentimientos de la Patria?", sentenció el Apóstol y en estos momentos históricos, una de nuestras problemáticas más acuciantes es el tema de la emigración, problemática que nuestro Gobierno reconoce como el derecho de todo ciudadano a emigrar por vías legales, pero que el enemigo se empeña en manipular para provocar una nueva emigración masiva, conflicto que sería utilizado como pretexto para invadirnos. Y en tal sentido, cuando Carlos aborda este hecho traumático que divide familias, tiene en cuenta tanto a los cubanos de aquí como a los de la otra orilla. En la canción Mi fe, se duele de ausencias, pero define su lugar de permanencia: "y aunque el maldito mundo esté al revés/ y hay demasiada gente que perdió y se fue/ yo nunca voy a dejar, mi amor (Nosotros, Cuba) que me arranquen mi fe". Otro motivo recurrente para el autor de Habáname, clásico de nuestra cancionística, es su devoción por esta ciudad, tema que aparece en la pieza Detrás del cristal, matizada con esta infinita muestra de ternura y amor hacia la capital: "los que se van la añoran/ los que se quedan más".

En esa noche rememoramos nostálgicos aquellos años del comienzo de su carrera artística, con la certeza de que estábamos ante un nuevo trovador, pequeño de tamaño pero de unas dimensiones como creador lo suficientemente grandes para ubicarlo entre los compositores cubanos más importantes de mediados del pasado siglo. Aunque ya habituados a la relevancia artística de sus conciertos, no caben dudas de que el del pasado sábado es, en lo que va de año, uno de los acontecimientos de la cultura cubana.

 

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