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Busca EE.UU. que la
ONU legitime su ocupación de Iraq
NACIONES
UNIDAS, 9 de mayo.— Estados Unidos nunca consiguió de la ONU que
refrendara su agresión contra Iraq, pero hoy se empeña en
conseguir un espaldarazo a su virtual administración colonial en
ese país árabe ocupado, reporta PL.
Tras gestiones
diplomáticas por capitales clave de países miembros del Consejo de
Seguridad, presentó formalmente un proyecto de resolución de 25
puntos que no evitará semanas de debates ante las claras
intenciones reflejadas en el texto.
Lo primero que se
advierte es la pretensión de arrogarse plenos poderes de decisión
sobre el destino de Iraq, mediante lo que eufemísticamente denomina
"la Autoridad".
A esa figura compete en
exclusiva imponer (su) orden en lo que enuncia como "la
restauración de las condiciones de seguridad y estabilidad"
hasta ahora todavía bien lejanas, ni siquiera para las tropas
ocupantes, ostensiblemente mal recibidas por la población.
"La Autoridad"
norteamericana se ocupará de formar un Gobierno interino,
seleccionando sus componentes, y de establecer "las
instituciones nacionales y locales para la representatividad
gubernamental".
El aparente plato fuerte
del proyecto en consulta consiste en levantar parcialmente las
severas sanciones impuestas a Iraq hace una década, bajo presión
de los propios Estados Unidos, y que durante ese lapso insistió en
mantenerla con enormes sufrimientos para la población.
Se trata ahora de
liberar las restringidas exportaciones de petróleo y el comercio
externo, lo que para muchos observadores significará otorgar
privilegiadas ventajas a empresas suministradoras norteamericanas,
ansiosas de botín.
Los ingresos derivados
del crudo pasarán a un Fondo de Asistencia Iraquí, con una junta
asesora formada por varias instituciones financieras en la que
tendrán voces primas el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial.
Pero se puntualiza bien
que "los fondos serán desembolsados bajo la dirección de la
Autoridad", para necesidades humanitarias, reconstrucción
económica y reparación de la infraestuctura.
Es decir, el país
víctima de un despiadado e injustificado ataque militar costeará
con sus propios recursos la recuperación de todo lo que le
destruyeron.
Tal como en varias
ocasiones lo adelantó el secretario de Estado norteamericano, Colin
Powell, el proyecto confirma que el papel de la ONU será
"vital", pero nunca "central", que siempre fue
el criterio de la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad.
Este otro eufemismo se
reduce a la coordinación de la ayuda humanitaria internacional,
apoyar el retorno de refugiados y desplazados, facilitar la
restauración de infraestructuras clave y promover la
reconstrucción económica.
Nada se dice de la
culminación de las interrumpidas inspecciones de armas prohibidas a
cargo de las Naciones Unidas, una condición fundamental para el
levantamiento total de las sanciones, si de atenerse a letra y
espíritu de resoluciones se trata.
El embajador
estadounidense, John Negroponte, fue tajante: "La comisión
inspectora (UNMOVIC) no tiene ningún futuro; basta con las
inspecciones que llevan a cabo nuestras tropas".
Nada sorprendente: la
potencia ocupante dice la última palabra, asume el papel central y
único e intenta servirse de las Naciones Unidas para legitimar sus
delirios hegemónicos.
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