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Homenajes mutuos
JESÚS GÓMEZ CAIRO
El
pianista Frank Fernández y la Orquesta Sinfónica de Matanzas
protagonizaron el momento culminante de las celebraciones por el
aniversario 140 de la fundación del Teatro Sauto, joya de su tipo
en aquella ciudad y del país. El coliseo, colmado de un público
espléndido y exigente, parecía no caber en sí de gozo, celebrando
también el estreno de un piano gran cola Steinway, especialmente
adquirido en Hamburgo, Alemania, para la agrupación musical y el
auditorio matanceros.
La orquesta, dirigida
por quien ha sido en los últimos años su fiel conductor, el
maestro Enrique Pérez Mesa, contribuyó al éxito total, mostrando
un colectivo bien estructurado, muy profesional, con alto aliento
artístico y no pocos destacados miembros entre sus instrumentistas.
Las obras asumidas fueron de gran responsabilidad: Sinfonía No.
4 en fa menor op. 36, de P. I. Chaikovski, y el Concierto No.
2 en do menor op. 18 para piano y orquesta, de S. V.
Rachmaninov. Ejecutadas en ese orden, ambas interpretaciones
lograron, por el milagro de los artistas y la precisa colaboración
de los expertos a cargo del sonido, devolverle momentáneamente a la
sala buena parte de aquella excelente acústica que antaño le
caracterizó (celebra el teatro su importante jubileo en una etapa
de profundas insuficiencias técnicas para su desenvolvimiento).
La cuarta sinfonía puso
a prueba y demostró fehacientemente la ductilidad de ese colectivo
artístico, que aunque integrado por muchos jóvenes, muestra saldos
de madurez provenientes de su engarce con el maestro Pérez Mesa,
quien indiscutiblemente ostenta ya un lugar señero entre nuestros
directores sinfónicos. La equilibrada sujeción a la dramaturgia de
la obra —incluso en sus momentos desbordantes de lirismo—, la
muestra de una amplia y rica paleta de efectos tímbrico-armónicos,
volúmenes y tempos expresados en adecuada combinación con el
impetuoso estilo de Chaikovski, contribuyeron al lucimiento de la
audición, dejando en el público una grata sensación de
expectativa que culminó en el concierto para piano y orquesta: fue
este el climax esperado. No hay duda de que Frank es magnífico y
creativo intérprete de la obra pianística de Rachmaninov
(proverbial es su versión de otra famosa pieza del compositor ruso,
Variaciones sobre un tema de Paganini), ni de que el Concierto
no. 2 está entre las grandes realizaciones en el repertorio del
pianista cubano. Sin embargo, cada vez que la ejecuta sorprende,
tales son sus introspecciones que rebasan aspectos como la técnica
o el virtuosismo —en el caso de Frank siempre resueltos— y
penetran en el ámbito seductor de la meditación a través de los
sonidos, especialmente por los matices variopintos de sus "cantabiles"
y las soluciones a veces sorprendentes pero tan lógicas de su
singular y exquisito fraseo.
Unánime fue la
explosión de aplausos que premió el lance, devueltos por el
artista con dos obras fuera de programa (también con el
acompañamiento de la orquesta): de su autoría el Tema del amor del
filme La gran rebelión, y una estupenda versión también
suya de La comparsa, de Ernesto Lecuona.
Larga y fructífera ha
sido la colaboración del afamado pianista con la Orquesta
Sinfónica de Matanzas, grande y ferviente es el círculo de
admiradores con que él cuenta en aquella ciudad, lo que hizo
patente con toda justicia el Presidente del Gobierno Municipal al
otorgarle esa noche a Frank Fernández la condición de Hijo
Adoptivo de la Ciudad de Matanzas, para beneplácito evidente de
todos los matanceros allí presentes, entre los que se incluían
altas autoridades políticas y culturales de la provincia y del
país, que especialmente acudieron al mutuo homenaje del gran
artista a la ciudad y a su teatro y de estos al músico favorito y
amigo fraterno.
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