|
La mujer sabe trovar
Omar
Vázquez
SANTIAGO
DE CUBA.— Entre las muchas cosas buenas que ha ido dejando el
Festival Internacional de la Trova Pepe Sánchez, que esta semana ha
mantenido en vilo a esta ciudad, hay que señalar la singularidad de
la mujer cubana como protagonista de este arte secular.
No cuenta únicamente el
hecho de que una buena parte del repertorio trovadoresco, por
tradición, ha cantado a la mujer y la ha convertido en objeto de
exaltación, sino también de resaltar su presencia como vehículo
para afirmar la trova a lo largo de su historia.
María Teresa Vera, piedra
angular de la trova cubana.
Esa realidad inobjetable
se puso de manifiesto durante una de las jornadas dedicadas a
reflejar la memoria histórica de la trova cubana y tuvo por
protagonista a Alicia Valdés, una musicóloga que se ha dedicado a
rastrear con una exacta mezcla de pasión y rigor científico esa
extraordinaria huella.
Alicia Valdés,
presidenta de la Sección de Musicología y Crítica de la
Asociación de Músicos de la UNEAC, es la principal promotora en La
Habana del espacio La bella cubana, consagrado a resaltar los
diversos roles femeninos en la música cubana.
Con ese aval, la Valdés
trajo al coloquio santiaguero una relación exhaustiva de la
participación de la mujer en el quehacer trovadoresco, haciendo
énfasis en el aporte medular de María Teresa Vera y, más acá en
el tiempo, el de Teresita Fernández.
La continuidad existe en
las voces de la Nueva Trova —Sara González en posición de
vanguardia— e incluso en las que están surgiendo por estos años.
Otro momento emotivo del
Festival fue el otorgamiento de la Medalla Alejo Carpentier, que
concede el Consejo de Estado, a Eliades Ochoa y Augusto Blanca.
Otros trovadores merecieron la Distinción por la Cultura Nacional,
mientras que la provincia distinguió a varios artistas con la Placa
José María Heredia. |