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Pedagogía de la
ternura
Iraida
Calzadilla Rodríguez
En las manos de todos
los futuros moldeadores de hombres debía estar Pedagogía de la
ternura, un texto breve, sencillo en su lenguaje de hablar cada
día, amoroso en los testimonios impregnados de los olores de las
aulas. Su lectura evoca al buen maestro que una vez tuvimos y nos
deja la sincera convicción de que cuando un educador trabaja como
el orfebre de la palabra y la acción que fue José Martí, cada
niño, adolescente o joven que se acerque a sus fuentes debe aspirar
a lo mejor del espíritu, porque el Maestro unía conocimiento y
sentimiento en una relación humana perdurable.
Las doctoras en Ciencias
Pedagógicas Lidia Turner y Balbina Pita han sido las artesanas de
este texto, posible gracias a que muchos maestros, durante años,
fueron perfilando las decenas de tesis que nutren las Obras
Completas de Martí, de las que ellas, en fino discernimiento,
solo trabajaron seis, vistas en su vigencia en la escuela cubana.
Hay un capítulo del
libro, el último, dedicado a las investigaciones realizadas sobre
el tema martiano vinculado con la unidad del pensamiento, el
sentimiento en la educación y la importancia del amor. Y hay una
noble apreciación sobre el valor de la sonrisa, del lenguaje no
verbal, y de estas dos manifestaciones insertas en las fraguas de
pupitres, pizarrones y libros.
La Editorial Pueblo y
Educación tuvo a su cargo esta edición cubana, versión ampliada
de la que en Venezuela se realizó en el 2000. En la presentación
del texto en la Feria del Libro de La Habana, las autoras tuvieron
la contentura de una buena asistencia de los lectores del patio y,
también, de decenas de latinoamericanos interesados en una obra
cuyo título, de por sí, es un llamado a la esperanza y su homenaje
al Maestro en el año del aniversario 150 de su natalicio. |