|
Liuba no concibe la
canción sin la poesía
GUILLE VILAR
Arribar
a 20 años de vida artística es ocasión propicia para hacer un alto
en el camino y medir la magnitud de la huella trazada por quien desde
siempre colorea la esperanza. Lo ocurrido en el capitalino teatro
Mella fue uno de esos momentos inusuales, maravillosos, por el
exquisito gusto en la ambientación del escenario, el equilibrado
desempeño del sonido y de las luces, trabajos que al coincidir con
las excelencias de los arreglos, la interpretación de los músicos e
incluso con la disposición del respetable a disfrutar plenamente de
la propuesta, se convierte este hechizo de Liuba María Hevia en un
concierto, sencillamente impresionante.
Llamado Ilumíname,
nombre homónimo de su más reciente CD producido por el sello
Unicornio de Producciones Abdala, participar en este concierto era
como estar en un museo virtual al poder visualizar tanto las hermosas
imágenes de los textos de Liuba como los inspirados giros melódicos
cual estrellas fugaces aparecen en cualquier punto de la sala para
definitivamente, caer en la sensibilidad de cada uno de nosotros.
La especial emotividad de
este espectáculo, nos convoca a reflexiones en torno a la ruptura de
esquemas que tuvo lugar en aquella noche. En primer lugar, el amplio
alcance de la música de Liuba que para nada responde a recetas de
composición "fáciles y rápidas" de asimilar, sino más bien son
piezas de un alto vuelo poético, de compleja y refinada elaboración
que fueron recibidas con aplausos cerrados en un teatro literalmente
abarrotado de público.
Títulos como Alguien
me espera, Si me falta tu sonrisa y Como un duende, de
anteriores producciones discográficas y otras nuevas como Canción
Breve, Memoria y testamento y la propia Ilumíname, calan
hondo porque responden a la acepción de popular como reflejo de
raigal cubanía que las distingue. En este concierto se reitera de
nuevo cómo Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat, paradigmas de la
elegancia en la canción, no solo permanecen en la reserva espiritual
de la cual se nutre Liuba porque el público al escucharla homenajear
a estos artistas universales, coreó dichas canciones como
reafirmación social que ellos tampoco conciben la canción sin la
poesía.
En tal sentido,
coincidimos con el criterio de que en la nueva obra discográfica de
Liuba, esta se aproxima más a la canción sin abandonar la guajira
como tampoco se aparta de otros géneros como el flamenco en La
brújula del destino o aires de ballenato en El aguacero. Y
es por ese don que le permite abordar una amplia diversidad
estilística, que gustó mucho el momento en que cantó un tema de su
amplio repertorio de canciones infantiles al igual que su ineludible
veta de tanguera con clásicos del género o cuando interpretó Los
sueños junto a Buena Fe, el revelador dúo del pop cubano.
Por último, realmente "la
voz es un río que nos corre dentro y tiene la esencia de los
sentimientos", pero en el caso particular de Liuba, el hermoso timbre
que identifica a esta cálida voz es tan preciso como para cantar
durante casi dos horas sin agotarse. El sentimiento que nos transmite
es el de una interminable cascada para recordarnos, con el mayor
lirismo posible, "el privilegio de vivir a pesar de este mundo". Por
estas y muchas razones más, sin el menor sonrojo considero que no hay
que esperar el día en que artistas nuestros como Liuba puedan acceder
al gran mercado de las transnacionales discográficas para que
entonces críticos foráneos la reconozcan como una superestrella de
la canción. Ella hace rato ya lo es. Al salir pletóricos del teatro
y mirar nuestro firmamento, en él leímos su nombre conformado por
millones de estrellas.
|