A todo carril para que los vagones no paren

Ortelio González Martínez

ORLANDO GONZÁLEZ, Ciego de Ávila.— Es difícil imaginar con cuánta organización trabaja el colectivo del taller de reparación de carros ferroviarios del central Orlando González.

También es difícil creer que muchos de los equipos que allí arreglan tienen más de 85 años de explotación y solo unos pocos hombres han sido los encargados de mantenerlos de alta a lo largo de casi nueve décadas.

Foto: JOSÉ DE LA ROSAFélix (izquierda) y Justo
 durante la reparación de
 una llave angular.

Es tanto el esmero de los trabajadores que el parque de 160 carros se mantiene en "completa disposición combativa" durante toda la zafra, aunque solo 130 están de lleno en la contienda.

Ello permite mantener un adecuado índice de rotación y, por ende, que la caña llegue fresca al ingenio, al extremo de que casi nunca rebasa las nueve horas entre el corte y el central.

Además, posibilita un mejor aprovechamiento de la capacidad de transporte. Así, por ejemplo, en la pasada zafra, de 2 100 arrobas planificadas por equipo promediaron 2 226, el indicador más alto en la provincia.

Es, también, una manera de ponerle zancadillas a la ineficiencia, en tanto transportan hacia el basculador mayor cantidad de materia prima en cada viaje, con el consiguiente ahorro de combustible, lubricantes, piezas y agregados.

Justo López Alfonso, secretario de la sección sindical en el taller, es Vanguardia Nacional desde hace 11 años, y solo interrumpió su estancia allí cuando fue a Angola a cumplir misión internacionalista.

Se entrega al trabajo con el mismo ímpetu que cuando combatió en África, solo que esta vez la guerra es contra la chapucería, lo mal hecho, "porque en 34 años de labor jamás ha habido alguna queja por mala calidad en los trabajos. La palabra chapucería está desterrada del vocabulario de los 12 que aquí laboramos".

Para Félix Cruz Ledesma (32 años en el taller) este lugar, casi en las afueras del ingenio, es parte de su casa. Te enumera los detalles más insospechados.

Sin mucho esfuerzo te habla de cada uno de los carros, "porque todos tienen su historia clínica. Los conocemos hasta sin ver el número".

Y lo demuestra: "El 109 es la reliquia. Está atornillado, como cuando vino de fábrica. Le llamamos el convertible. Podemos desarmarlo y llevarlo al sistema de planchas".

"El 74 es uno de los que más entra al taller. Se encuentra completamente remachado, como vino de fábrica. Es de la primera década del siglo pasado. Al 46 tenemos que cambiarle una viga." Y así suele enumerar las dolencias de muchos más.

Por ese minucioso trabajo, el taller es de Referencia en Ciego de Ávila, y en varias ocasiones recibieron la felicitación de Ulises Rosales del Toro, ministro del Azúcar, quien ha elogiado la labor del colectivo por su entrega y dedicación.

El joven ingeniero Wilfredo Moreno García, director de la unidad de mantenimiento, detalla que el parque de carros del Orlando González es el único que cuenta con frenos de aire y todos tienen la licencia operativa para transitar por cualquier vía del país, incluso, por la llamada Línea Cuba o Central.

"Muchos de ellos —asevera— transportaron fertilizantes desde otras provincias hasta Ciego de Ávila, personas a las Tribunas Abiertas y hacia los actos por el 26 de Julio en provincias vecinas."

Justo y Félix concuerdan en que no hay desperfecto que escape al ojo de cualquiera de los 12 trabajadores, pues cada uno tiene su función bien definida, aunque, si es necesario, para que no se atrase la tarea, unen esfuerzos los revisadores, soldadores, mecánicos de rodamiento, herraje y sistemas de frenos.

 

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