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Se rompieron los
termómetros de verdad
Omar
Vázquez
Conserva el timbre de
los tiempos iniciales, pero armonizado para esta época, y toca como
si acabara de comenzar; muy bien, según los cánones del género.
Como compositor, orquestador y tecladista, Manolito Simonet tiene la
virtud de pocos directores: su Trabuco es una extensión de su
concepto acerca de cómo proyectar nuestra música, ello se puso de
manifiesto en su espectáculo Feliz aniversario, el último
fin de semana en el Teatro Nacional.
A diez años de su
creación al Trabuco le sigue funcionando la magia. Conquista al
público desde que suenan los compases iniciales de La música
cubana y otros números que lo identifican. El público corea
los estribillos, expresión palpable de que está "pegado" en el
favor popular. También aplaude cuando toca el teclado y hasta
cuando deja solos a sus invitados. Ya pueden estos entonces hacer
maravillas —sobraron—, pues de lo que están pendientes es de lo
que Manolito traerá en su nueva aparición.
Lo mejor cuando Germán
Velazco inspiró con su saxofón en Guajirita ven, abonando
el camino para que el violinista Lázaro Dagoberto González diera
rienda suelta a su talento en improvisaciones sobre El jibarito,
de Rafael Hernández, el cual formaba parte de un popurrí de
danzones muy adelantados, iniciado con Tres lindas cubanas y Macorina.
Este segmento fue apoyado con las cuerdas de la Orquesta Sinfónica
Nacional, lideradas por Omar González (fue integrante del Trabuco)
e hizo recordar válidamente que la tropa de Manolito comenzó con
el formato de charanga.
La guitarra de Marcos
Alonso fue ideal para acompañar a Carlos Manuel (su compañero del
Clan) en Se rompieron los termómetros, éxito del Trabuco,
sonando tan cubano como ellos, sin acentos prestados y demostrando
que puede ser un buen improvisador. El encuentro se perfiló
rumberamente cuando acudieron Clave y Guaguancó, el chequeré de
Pancho Terry y los anfitriones, en Dónde estabas anoche, de
Piñeiro, Iroko y otros clásicos del género. |